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Un viaje a la ciudad de los dioses

Autor:  | September 2011 | Artikel empfehlen
Kategorie(n): Dialogando
Dialogando - Un viaje a la ciudad de los dioses

Templo de Quetzalcóatl - Foto: Quetzal-Redaktion, glPara llegar tuve que viajar más de dos horas en pesera y metro y así poder tomar otro autobús que me llevara a lugar sagrado de los dioses. El autobús sale desde los Indios verdes ubicados en el norte de la ciudad de México, la simple acción de salir del inframundo en la estación del metro es un reto para cualquiera, que no conoce esa estación, como todos los días y en todos los horarios hay en ese lugar siempre un mar de gente, gente que va, viene, grita, vende, roba, se ofrece o simplemente desea ir a Teotihuacan. Desde Indios Verdes tarda el viaje una hora y media. Es un viaje directo por la autopista, donde lo que hay que ver es el paisaje semi- árido que se adorna con los nopales y algún árbol perdido. En las casetas de cobro están todos los vendedores ofreciendo papitas fritas, aguas en bolsa, en botella y helados. Después del griterío y el alboroto de los vendedores se puede continuar el viaje, sin descartar una que otra cosa rara.  El autobús llega hasta alguna de las entradas a la ciudad. Al bajarse lo primero que se encuentra es esa barda construida a base de nopales. Se pagó la entrada y caminamos entre los puestos oficiales de artesanías y recuerdos. Unos pasos más y allí esta majestuoso como siempre el centro de la ciudad Teotihuacan. Fundada aproximadamente 100 años después de Cristo, en aquellos tiempos fue la ciudad prometida por los dioses, la ciudad donde la paz, el amor y la convivencia pacífica entre sus habitantes era la promesa que atrajo a miles de personas que buscaban ese ideal tan soñado. La calle principal se llama actualmente la avenida de los muertos, es una calle ancha que inicia en la plaza de la pirámide de la luna y actualmente termina en la plaza del templo de Quetzalcóalt también llamada la ciudadela. El Templo de Quetzalcóalt tiene dos edificaciones, se cuenta que fue necesario construir un segundo edificio porque el primero no estaba alineado a la pirámide del sol. Si se tiene suerte se puede subir al segundo edificio y ver desde arriba la fachada muy bien conservada del primero. Es seguramente cuestión de cerrar los ojos e imaginarse la belleza que tuvieron esas edificaciones en sus tiempos de esplendor. Mientras el templo regresa el eco de los aplausos de unos turistas curiosos, los investigadores siguen trabajando en la excavación de otra superficie, que se encuentra bajo la sospecha de guardar algunos secretos de esta ciudad, donde los espíritus de sus habitantes deambulan entre los túneles secretos del inframundo teotihuacano. Para continuar el  recorrido hay que buscar de nuevo las calzada de los muertos, caminar hacia el norte, pasando el río San Juan. En ambos lados de la avenida se encuentran las plantas de nopales, un poco maltratadas por el paso del tiempo y los turistas, que intentan dejar los recuerdos inmortales en el tallo fibroso que les sostiene. Para curiosear un poco hay que salirse del camino principal y entrar en lo que fueron alguna vez las habitaciones de gente importante dentro de los Teotihuacanos, porque seguramente, solamente la gente con algún rango social muy importante tenia permitido habitar en el centro de la ciudad, aquí cabe mencionar que Teotihuacan llegó a tener cerca de 200 mil habitantes. Del lado izquierdo se encuentra entre otras cosas, lo que ……… cuando se inicia el recorrido de sur a norte es definitivamente inevitable llegar primero a la pirámide del sol.  Curiosamente se localiza al lado de avenida de los muertos y no da la impresión de haber sido el centro ceremonial de la vida teotihuacana. Sin embargo es la piramide más alta, reconstruida y adaptada para que la puedan subir todo tipo de personas, tiene algunos tramos de escaleras con escalones muy pequeños y otros tramos con escalones grandes que invitan a la concentración, al esfuerzo físico y seguramente a la imploración de los dioses. Al llegar a la cima se puede sentir la frescura del viento, la tranquilidad del interior y la armonía con el medio ambiente. No existe contraste aun en los tiempos actuales. El centro de la pirámide está marcado con un pedazo de metal, representando el centro energético, energía acumulada a través de los años desde el cosmo y de los muertos que deambulan en sus entrañas. En los tiempos actuales es Teotihuacan así como todas la demás ciudades antiguas de México lugar de peregrinación en día de entrada de la primavera. Para no desentonar hay que ir de blanco y llevar la convicción de que son centros de energía positiva capaces de cambiar la energía negativa de cada persona por energía positiva. Desde la pirámide del sol se puede apreciar la distribución de los barrios, una imagen concreta de la ciudad se puede obtener al visitar el museo de sitio. Bajar es otro reto, uno más como en todas la ocasiones donde alguien se propone bajar, puede ser algo rápido dentro de ese mar de gente o puede ser algo eterno si se coloca mal un pie en algún escalón y volar en el abismo. Alcanzando el pie de la pirámide de nuevo hay que esquivar vendedores y más vendedores, para llegar a la calzada de los muertos, que nos lleva a todos lugares y nos lleva a la nada. A unos pasos en dirección a la pirámide de la luna nos legaron la imagen cósmica del jaguar. Enfrente se encuentra ella, fiel a su posición, a la espera de todos, como una madre que espera la llegada de sus hijos a altas horas de la noche. Ella siempre viendo a lo lejos a la inseparable pirámide del sol. A su lado el palacio de Quetzalpapalotl que deja ver en su interior algo de la vida teotihuacana. La hermosura de su decoración quedó plasmada en los frescos que aun se conservan. Pero antes de entrar al Palacio de Quetzalpapalotl hay que subir a ella, la que indica donde inicia la ciudad, donde seguramente se realizaron los rituales más importantes. Sus escalones son más altos, por el paso del tiempo en algunas partes no se encuentran tan bien conservados, pero se puede subir y al llegar a la cima, nos regala una paz espiritual y la sensación de estar inmerso dentro de un ambiente que convive en armonía con su alrededor. Desde su interior nos irradia la energía de sus espíritus. Desde la cima se puede apreciar la extensión de la ciudad. Para terminar y alimentar la paz espiritual se puede ir a comer a los diferentes lugares de las cercanías. Una rica barbacoa llega como el regalo ideal de los dioses.

Foto: Quetzal-Redaktion, gl


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