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Juntos pero no revueltos

Autor:  |  Frühjahr 1993

Se levantó de carrera de la cama, pues el estar soñando que orinaba lo obligó finalmente a comenzar las actividades del día que horas antes ya había despuntado. La ventana estaba más cercana que el baño e incluso se estaba volviendo costumbre el regar las hortalizas del vecino. A pesar de que sabía que eso era. una porquería, se decía que eso era su contribución para la protección del medio ambiente, ya que ahorraba agua y según él fertilizaba el suelo con sus orines, porque alguien le había dicho que la orina tiene ciertas cosas que ayuda a las plantas. Pero las plantas no estaban precisamente beneficiadas por los orines de borracho ni por los cuidados del vecino.

Jeremías mientras orinaba se encontraba aún bajo los efectos del alcohol de la noche anterior, su aliento pestilente y su transpiración se fundían en efectivos olores vomitivos. Pero él, como siempre tan aguantador los combatía con perfume de rosas en prácticas latas de aromatizanten ambientales. Así, dejó su dormitorio con la ventana abierta y rociado de aromas corporales y sintéticos para dirijirse a lavarse cara y manos, mejor dicho enjuagarse las gotas de orina en sus manos y limpiarse las lagañas de sus ojos, pues no había necesidad de una limpieza más profunda, ésta se requería para ir a la disco. Luego de ello volvió a su cuarto, encendió la casetera y a todo su volumen, vibro la bocina desconada proyectando sonidos rítmicos y la voz feliz de conocido cantante que hablaba de las alegrías del amor conquistado “chiquita! chiquita! te quicio mucho… chiquita! chiquta! que te légalo mi colazón. Chiquita! chiquita!”. Siguiendo el texto de la canción y moviendo brazos y trasero realizó el rito de vestirse culminándolo con sus botas en pico y tacón volteado. Salió de su casa como la “flor de la canela”, pero en este caso dejando a su paso un aroma de loción desconocido.

Por otro lado Fidencio sacrificaba una pausa para prepararse para la siguiente actividad del día. Esa era su única posibilidad para reducir sus desventajas en el cumplimiento de sus tareas, pues el apoyo de sus compañeros (en el sentido de estar juntos en una misma actividad y no por la ayuda de unos a otros), se limitaba a comunicarle el qué, el cuando y el como de la siguiente tarea. En ese sentido sus desventajas consistían en ser extraño en el grupo, el no comunicarse en su idioma natal y sobre todo el prejuicio de venir de un país del tercermundo (el lector tiene la elección de escoger cualquier país latinoamericano). Asi pues, Fidencio se encontraba viviendo en una paradoja, ya esperaba aprender en el extranjero cosas que habrían de servirle algún día en su país, pero lo que aquí aprendía en buena parte se relacionaba con problemas locales y/o con disputas entre aquellos que fungían como autoridades. Además la oportunidad de conocer la cultura del país anfitrión parcialmente era realizable, en parte por la carga de trabajo que representaba el cumplir con sus tareas (o sea que disponía de poco tiempo, energías y dinero) y también en parte por la hostilidad o bien rechazo que le mostraban los pelones de la esquina. Por esa razón sus objetivos de conocer más a fondo la cultura del país donde vivía parcial y accidentalmente los alcanzaba. En esa ocasión tuvo la mala suerte de haber preguntado algo que no había entendido y como respuesta primeramente recibió un regaño en público por no entender la sapiensa de la autoridad y luego recibió respuesta a su pregunta, la cual fue tan insatisfactoria como la explicación inicial, pero con valor para la futura evaluación. En breve, él se llevó el regaño y quedó apenado, mientras que sus compañeros sin exponerse al ridiculo en público, obtuvieron información que en el futuro podría ayudarles ante esa autoridad. Sólo alguien elogió a Fidencio por su valor de preguntar sugiriéndole hacerlo más seguido para ayudar a sus compañeros.

Así fue que se encontraron Fidencio con su depresión y Jeremías en su jovialidad. El segundo de inmediato platicó todo el teatro que hizo con el médico para obtener el justificante, que escusaría el incumplimiento de sus responsabilidades y aún más con éste ganaba otros días más de descanso, aunque en ese caso sería más apropiado hablar de más parrandas. Cuando Fidencio por su parte quizo comentar lo que le había pasado, Jeremías ya estaba mirando el gelatinoso movimiento de un flácido trasero sujeto por una minifalda y medias negras. De modo que Fidencio quedó hablando solo. Jeremías siguió hablando de sí mismo, de lo bueno que era (según él) con las mujeres, de lo que aguantaba tomando cerveza, de lo bien que bailaba así como de sus relaciones e influencias sociales. Para ello se valia de despotricar contra todo el mundo. Daba lo mismo si eran sus amigos o no, mientras que unos eran pendejos por no ser tan buenos como él, los otros eran maricas, simplemente por no andar de cojelones. Porque para él “agujero aunque sea hormiguero…”, de modo que aparentemente su virilidad podía ser puesta en prueba no solo con mujeres, sino que también con otros hombres (pero que no se piense que fuesen homosexuales) y porque no hasta con animales. Es más, decía: “todas las mujeres son putas menos mi mamá’, o sea que como tema su madre era no sólo prohibido, sino también peligroso.

Fidencio tuvo la mala suerte de opinar, „diciendo que los argumentos de Je-remís eran de lo más primitivo y contradictorio, sin darle oportunidad de decir porqué, Jeremías ya estaba rabioso y a punto de golpear a Fidencio a no ser por la sorpresiva presencia de Conchita que llamó a estos dos. Jeremías de inmediato se desparramó en saludos de besos y cumplidos para Conchita, ella se dejó simplemente chulear, algo asi por amor propio, más que el falso bíteres de Jeremías por Conchita. Fidencio y Conchita se saludaron con un intercambio de sonrisas, no era necesario intercambiarse falsos cumplidos. Entre ellos dos todo estaba claro, en presencia de Jeremías era inútil hablar de algo constructivo. En eso Jeremías empezó a hablar de la fiesta del día anterior, entre otras cosas destacó que se había conquistado a varias mujeres y que terminó pasando la noche con una de ellas. Conchita le comentó que había hablado con fulanita, y que ésta le dijo que Jeremías estuvo como siempre de borracho y que asi lo tuvieron que llevar a su casa. Jeremías protestó, diciendo que esa fulanita era una chismosa y durante varios minuto se la pasó haciendo chismes de la fulanita. Finalmente se despidieron. En la noche de ese día llegó Fidencio a visitar a Conchita y conversaron sobre ciertas cosas que les interesaban. Conchita habló por ejemplo, del rol pasivo que como mujer latinoamericana tiene que asumir con respecto a las relaciones interpersonales y que ella estaba acostumbrada a recibir atenciones y no solamente falsos cumplidos. De sus inseguridadades como mujer y las desventajas de vivir también en Europa bajo una sociedad machista. Sobre el tabú de la sexualidad y la represión de sus sueños y fantasías. Mientras tanto Fidencio la escuchaba y la deseaba como mujer, pero el también le hablaba de sus desilusiones y aspiraciones. De la confron- tación con sus valores morales y culturales. De los problemas que significan el portar o cargar por culpa de otros una serie de esteriotipos y formas de ser que se les atribuyen a los latinoamericanos y no ser precisamente las propias. Esa fue la primera ocasión en que hablaron uno para el otro con sinceridad, de modo abierto. Esa conversación abrió en ellos nuevos horizontes y preguntas que abarcaban la vida propia y la de sus congéneres. Por otra parte, se escuchaba a todo volumen una canción “Chiquita! chiquita!…” y bailando se encontraba Jeremías con una minifalda rellena de carnes flácidas y le hablaba al oido de la unidad latinoamericana, ‘ porque mira, como los latinos nos divertimos aquí todos juntos y también cuando hay latinos juntos te acercas y platicas y convives con ellos, ahí está la Unida’ latinoamericana. Entiendes mein Chats’. Así mismo trabajaba a la mujer, “esta vez te prometo mi reina, no’más la puntita y aguantarme más’. Y bueno, yo el que escribió esta ficción debo decir que ninguno de los personajes de esta caricatura existe en carne y hueso. O sea que si alguien que se pone el saco es por su gusto y por sus hábitos. En ese sentido, esta ficción surge a partir del trabajo de Rene Ceballos publicado en el primer número de QUETZAL. Este trabajo despertó mi interés en la (auto) confrontación con estereotipos y características que se le atribuyen a los latinoamericanos (o simplemente latinos). Finalmente no quiero cambiarle a nadie su forma deser ni despotricar contra las personas. Mi intensión es hacer manifiesto que no todos los latinoamericanos se les puede reducir a bailarines y fanáticos de la música “salsa” (ojo el nombre de salsa se lo dieron los gringos a la música latinoamericana y afroantillana). Ni tampoco se les puede considerar a todos como machistas (y hembristas?), pues todas las culturas han emergido dentro de una sociedad dirigida por hombres. De tal modo que el machismo no es exclusivo de los latinoamericanos, sino que tiene formas de expresión muy concretas y al menos en lo individual existe la búsqueda de formas alternativas al machismo (por cierto se dice que entre el machismo y la homosexualidad solo hay una diferencia de grado). Finalmente el individuo puede comportarse como mejor le plasca, pero el problema radica cuando esas costumbres y valores se generalizan y atribuyen a otros individuos por el solo hecho de ser latinoamericanos. En eso no estoy de acuerdo, es más asi se lesiona no solo al individuo, sino también a la imagen de los latinoamericanos.

(1993)

Dos poemas líricos de los Aztecas.

CANTO DE GUERREROS NOBLES

Ya echa muchos brotes el árbol florido
de la corporación de amigos.
Ha echado raíces la unión de poetas:
con esto medra aquí la realeza.
Veré la unión, la gloria de Águilas y Tigres:
yo soy un desdichado, pero me gozo
en la corporación de amigos que se afirma aquí.
Oh, tú por quien todo vive: ave de espadas eres,
ave de dardos eres:
llegas veloz volando!
Allí en el sitial de tu culto te paras,
te paras en el templo en que eres adorado.
Te limpias, te remeces, junto a los atabales.
Llueve la greda y pluma y’tú, cual bella Garza,
te limpias, te remeces.
Con greda y plumas se enciende
el solio de los Tigres, el solio de las Águilas.

GOZO EFÍMERO

Démonos gusto, amigos míos:
vengan aquí los abrazos!
En tierra florida andamos andando
y no hay nadie que pueda ponerle fin.
La flor y el canto se tienden
allá en la Casa del Sol.
Sólo por breve tiempo en la tierra vivimos:
No será así siempre: espera la región del Misterio.
Hay allí alegría? Hay allí amistad?
Ah no, que sólo en la tierra
vinimos a conocernos!


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