lateinamerika - Quetzal - Politik und Kultur in Lateinamerika


Cuatrocientos cincuenta y ocho días de la vida de Diana (segunda parte)

Autor:  | Oktober 2011 | Artikel empfehlen
Kategorie(n): Dialogando

veintisiete de mayo de 1963
(Foto: Quetzal-Redaktion,gt)Teresa Trinidad volvió a decirme que solicitara cien córdobas a Beatriz. Quiere comprarse un pantalón blue jeans. Le dije que no, que fuera a trabajar para ganarse los cien córdobas, ya está grande, cuenta más de doce años, y bien pueden emplearla en un trabajo. Mi hermana gritó, que yo era mala, que ella no estudiaba en el Colegio Francés para tener una amiga de dinero igualita a Beatriz que me quiere y resuelve los problemas de dinero. Le di la razón, no es mi culpa que yo sea la menor y que a mi papá le hayan dado sólo una beca. Ella se molestó, me tiene sin cuidado, a mí me causa pena estar pidiendo dinero a mi amiga.

veintiocho de mayo de 1963
Teresa Trinidad me hace la vida imposible, contó chismes mentirosos a mi mamá y ella me castigó poniéndome a trabajar como una mula. Teresa Trinidad no se contentó con eso e indispuso a Luis Antonio contra mí, que sólo andaba buscando un motivo para darme un jab o un punch donde me doliera más. Y me dio un punch en el ojo cuando estaba solita en el cuarto. Quedé viendo estrellitas, pega duro el maldito condenado. Me amenazó, no debía decirle a nadie quién me golpeó, iba a vérmelas con él si revelaba su nombre. Mi ojo está rojo, rojito y los alrededores azules, me duele insoportablemente. Mi hermana gozó. No denuncié a Luis Antonio ante mi papá, sé que si le revelo que él fue quien me dio el punch terrible en mi ojo, lo mata a palos. Sebastián Egidio me vio e intuyó que no fue un accidente el que tuve y quiso fajarse a golpes con Luis Antonio, pero Teresa Trinidad la falsa le aseguró que ella había visto cuando tropecé contra una de las patas de la cama y caí en el suelo golpeándome el ojo con uno de los brazos de una silla y que era un milagro que no hubiera perdido el ojo. Él me preguntó si era cierto. Respondí: »Sí.« No quería más problemas.

veintinueve de mayo de 1963
Hoy miércoles no fui al colegio. Fui con mi papá a un consultorio. El doctor le recomendó que me llevara donde un doctor oculista. No veo con mi ojo izquierdo. Mi papá fue a visitar a unos amigos para prestar dinero y logró conseguir algo. Mañana jueves, él solicitará una cita en el consultorio de un oculista. Teresa Trinidad no disumula el placer cuando me ve aunque la matan los celos viendo a mi papá que se preocupa por mí. Sebastián Egidio me trajo una bolsa de leche burra y unas revistas de boxeo, éstas se las pretó don Renato. Mi papá me entrego el regalo que vamos a regalar mañana, día de las mamás, a mi mamá, es un vestido muy bonito, todos aportamos para comprarlo.

treinta de mayo de 1963
No está mal no ir al colegio, por la mañana leí en las revistas de boxeo con mi ojo derecho, el izquierdo no funciona, a pesar de no estar tan rojo. Leí un artículo sobre el champion Sonny Liston que el veintidós de julio defenderá la corona contra Floyd Patterson. Sonny Liston quitó el cinturón de champion de los pesos pesados a Floyd Patterson el año pasado, ganó por knock out, fue en el primer round, en Chicago. La pelea será en Las Vegas, unos comentaristas opinan que Sonny Liston volverá a ganar a Floyd Patterson y están seguros de que ganará por knock out. Floyd Patterson fue champion de los pesos pesados, primero de 1956 a 1959 (con anterioridad, Rocky Marciano, el gran champion de todo los tiempos, abandonó el título) y más tarde de 1960 al venticinco de septiembre de 1962. El año en que no fue el champion fue Ingemar Johansson el dueño del cinturón de los pesos pesados. Ingemar Johansson ganó a Floyd Patterson por knock out en el tercer round, en New York, el veintiséis de enero de 1959, él perdió las otras dos peleas posteriores que tuvo con Floyd Patterson: una el veinte de enero de 1960, cuando perdió el cinturón, por knock out, en el quinto round, en New York y la otra el cuatro de diciembre de 1961, también perdió, por knock out, en el séptimo round, en Miami Beach. Por la tarde festejamos el día de las mamás. Mi papá, después de pasar por donde mi abuela paterna dándele un regalo, se apareció en la casa trayendo una gran torta sabrosisísima de la cual no quedó ni una migaja para las hormigas. Yo entregué, en nombre de mis hermanos y mi hermana y de mi papá, el regalo a mi mamá y ella lo abrió, le encantó el vestido que le regalamos.

treinta y uno de mayo de 1963
Vino Beatriz a casa. Trajo una caja de galletas Cristal, la más grande que pudo encontrar, dos cajas de chocolate y revistas con historietas para que yo me distraiga. Teresa Trinidad no nos dejó ni un minuto a solas, se deshacía en atenciones a mi amiga que prefirió irse, le molestó la actitud de mi hermana. Mi mamá me quitó los regalitos para repartirlos de manera equitativa entre la familia. Yo sé cuáles son esas repartideras, lo mejor para su angelito por la cual tengo mi ojito izquierdo knock out. Oí en la radio que asaltaron el Banco de América, Sucursal Montoya. Los ladrones manifestaron que son saladinistas. Ellos se llevaron un montón de plata.

uno de junio de 1963
Ya veo un poco con el ojo izquierdo. Mi papá obtuvo permiso en el trabajo, hoy sábado tenía turno, y me llevó al doctor oculista. Él examinó mi ojo izquierdo de arriba abajo y de abajo arriba con una lupa y con un aparató que parecía un telescopio, aseguró a mi papá que mi ojo no había sufrido un daño considerable y que más pronto que tarde volvería a ver. Debía esperar a que mi ojo se restableciera para ver si necesitaría de lentes. Me recetó una gotas, las cuales ayudarán a mi ojo para que se restablezca, y nos dio la fecha de la próxima cita. Mi papá salió por la tarde y regresó a las once de la noche. Él vino oloroso a mujer alegre y mi mamá le reclamó. Él le pidió a ella que no hablara en voz alta pues mis hermanos, Teresa Trinidad y yo podíamos oírla. A mi mamá no le interesó que la oyéramos y siguió reclamándole, lo llamó perdido, mal papá, enfermo sexual y más. Mi papá no se defendió, se decidió a ir a pasar la distancia de la noche en otro lugar.

dos de junio de 1963
Un domingo largo, larguísimo el cual se metió en cada uno de los sitios de mi aburrimiento y exasperó a mi mamá. ¿Dónde estará mi papá? ¿Tuvo un día aburrido como yo lo tuve o uno que le dio motivos para un enojo grande, igual al que tuvo mi mamá? Mi ojo izquierdo es un ojo psicodélico y mi ojo derecho un ojo paradisíaco.

tres de junio de 1963
No ha aparecido mi papá. Mi mamá tiene un humor de mil Diablos. Todos andamos cami-nando de puntitas para que ella no oiga los ruidos de nuestros pasos.

cuatro de junio de 1963
Mi papá continúa perdido. Mi mamá sufre y nosotros padecemos las consecuencias. Ella no se decide a ir a buscarlo.

cinco de junio de 1963
Otro día terrible. Mi papá no viene a salvarnos.

seis de junio de 1963
No fui al colegio, no fui porque tuviera problema con mi ojo sino porque mi mamá nos mandó, a Teresa Trinidad y a mí, adonde trabaja mi papá para que le avisáramos que si no regresaba a casa iba a hacerle un señor escándolo en el trabajo. Llegamos a la mansión de la Conferencia Episcopal, el lugar en el cual trabaja mi papá como conserje, y mi hermana repitió lo que mi mamá quería que él supiera. Mi papá nos dijo que él iba a pasar por la casa cuando saliera del trabajo para hablar con mi mamá. Así lo hizo. Se han reconciliado y pienso que ha terminado nuestro calvario.

diez de junio de 1963
No fui por la mañana al colegio, mi papá me llevó donde el doctor oculista, éste dice que veo menos con el ojo izquierdo. Deberé usar lentes.

quince de junio de 1963
(Foto: Quetzal-Redaktion,gt)Mi tía Delia Eligia está viviendo desde hace tres días en casa. Mi papá se siente incómodo; él se opuso a que ella se quedara en casa cuando se apareció pidiendo refugio, mi mamá le dijo que no podía negarle posada porque era su hermana y no tenía donde ir a meterse ya que mi abuela Matilde María, después de la muerte de mi abuelo Altagracio Artemio, vive en la casa de su hijo mayor, mi tío Altagracio Asunción. Ella no es vista con buenos ojos por la familia porque va a tener un hijo que no es de don Caralampio, casi todos los miembros de la familia le dan razón al marido traicionado por haberla echado a la calle con violencia. Mi tía Delia Eligia tiene cinco hijos e hijas y su marido se quedó con éstos; ella duerme con Teresa Trinidad pues no tenemos lugar para tener otra cama en el cuarto.

dieciocho de junio de 1963
Teresa Trinidad que todo anda queriendo saber me descubrió escribiendo en mi diario anteayer domingo por la noche, yo escribo en mi cuaderno cuando mi familia está dormida o cuando no hay nadie en mi cuarto o en la biblioteca del colegio. Ella quiso que le enseñara el cuaderno para ver lo que escribía y se lo negué, me amenazó con contarle a nuestra mamá que ando con secretos que atañen a la familia, le dije que no me importaba. El lunes por la mañana habló con nuestra mamá y ésta quiso que yo le mostrara el diario. Le mostré el cuaderno de español y me dijo que no quería ver ése si no el cuaderno que me regaló mi papá cuando cumplí ocho años. Le declaré que ése no se lo enseñaría porque eran cosas mías, privadas, las que escribo en las páginas de ese cuaderno. Me dio una bofetada y quiso quitarme el cuaderno a la fuerza, yo logré zafármele y huir a su cuarto, me encerré, ordenó que abriera la puerta y no le obedecí. Ahí pasé metida hasta que no vino mi papá y mi mamá le contó su versión, agredándole que no asistí al colegio porque me quedé encerrada en el cuarto. Mi papá exigió que le abriera la puerta y obedecí. Me pidió el cuaderno y se lo entregué. Él preguntó porqué no quería enseñárselo a mi mamá y le contesté que yo había escrito asuntos privados en el cuaderno y que nadie tenía derecho a leerlos sólo yo o quien yo deseara. Mi mamá quiso arrebatar el cuaderno a mi papá y él se lo impidió dándole un empujón que hizo que mi mamá se estrellara contra la pared. Me entregó el cuaderno y dijo a ella, alterado, que las cosas no se quitan a la fuerza si no que se piden tratando de convencer a la gente y que si yo no deseaba que nadie leyera mi cuaderno había que respetar mi decisión. Mi mamá explotó en cólera, mi papá le pidió que se calmara pero ella continuó gritándole que era un mal hombre, mal papá que apoyaba la rebelión de una hija en contra su mamá, sinvergüenza, malparido. Mi papá la vio muy mal y le aseveró que lo tenía harto ya, si no callaba la echaba de casa, lo mismo que a mi tía Delia Eligia, terminó sus palabras tirando un punch de derecha demoledor, el cual dio contra la puerta del cuarto partiéndola en dos partes. Mi mamá calló. Yo me fui detrás de mi papá, él fue a la cocina, y le di las gracias, no me contestó, se ató un trapo a la mano y salió a la calle, yendo yo detrás de él. Notó que lo seguía y me ordenó que regresara a casa, le dije que quería acompañarlo adonde iba, me lo permitió. Fuimos al Hospital el Retiro, le enyesaron la mano y una parte del brazo. Enseguida fuimos a comer a una tajadería, comí una empanada de queso, tajaditas fritas, un pedazo de chanchito frito y una buena porción de ensalada picante de repollo y tomate. Regresamos a casa, todo estaba en completo silencio. Hoy martes fue mi mamá un solo amor con mi papá. Mi tía Delia Eligia no encuentra trabajo. No sé de qué querrá trabajar, no sabe hacer nada. Teresa Trinidad no me habla. Luis Antonio aseguró que va a darme unos golpetazos cuando se le presente la oportunidad. Sebastián Egidio solicitó que le prestara cinco córdobas, le entregué dos córdobas, no tenía más en mi nuevo lugarcito secreto el cual espero a que nadie lo descubra para que no hurten mi dinerito.

veintidós de junio de 1963
Hoy sábado fue el cumpleaños de Teresa Trinidad, desde hace trece años que vino a este mundo para ser el angelito de mi mamá y la mujercita más curiosa y más cuentista que conozco. Mis papás le regalaron un pantalón blue jeans, Luis Antonio le regaló un desodorante, Sebastián Egidio una pintura de uñas y yo una cajita de pañuelos que ni me agradeció y eso que me costó conseguir el dinero para comprar el regalito. Mi tía Claudia Bernarda y mi tío Federico le regalaron un par de zapatos de cuero que tienen los tacones muy altos. Mi abuela Leopolda Trinidad y mi abuelo Sebastián le dieron cien córdobas para que se inscriba en un curso de mecanografía que quiere hacer. Mi abuela Matilde María, en nombre de sus hijos e hijas, a excepción de mi tía Delia Eligia que está corrida de su casa y sin plata para estar colaborando para comprar un regalo, entregó un vestido y media doce de calzones de colores a mi hermana. Comimos helados y torta. Mi mamá cocinó, como siempre, tres gallinas. Mi abuela Matilde María pidió a mi tía Delia Eligia que fuera a hablar con don Caralampio y le pidiera perdón para regresar al lado de su familia, ella le dijo que no, que él debía ser quien tenía que venir a pedirle perdón y rogarle para que regresara a casa. Creo que en este día se han olvidado ya de mi diario, gracias al Diablo que le ayuda a los buenos y no a Dios que no se acuerda de ellos.

uno de julio de 1963
Fui con mi papá a traer mis anteojos que deberé usar para ver bien con mi ojito izquierdo. No habíamos ido a traerlos porque mi papá no tenía dinero para pagarlos. Son feos, mi papá no tuvo para pagar un marco mejor. Luis Antonio me dijo pato lentudo, Teresa Trinidad me quedó viendo burlonamente, no dijo nada porque no me habla, y Sebastián Egidio comentó que los lentes estaban feitos pero que yo no me veía mal, que pasaba. Mi tía Delia Eligia y mi mamá no dijeron nada, las dos tienen el mismo problema que es mi tía Delia Eligia, ella no se va donde don Caralampio ni halla trabajo y es una boca más en casa. Sufro mi tragedia por el maldito de Luis Antonio. Seguro que se burlarán mis compañeritas del Colegio Francés de mí cuando me vean mañana martes.

tres de julio de 1963
Se cumplió lo que imaginé. Unas de mis amigas hicieron guasa conmigo y otras quedaron viéndome con burla. Y es que el marco de los lentes es horrible y hace que yo desluzca con enormidad. Beatriz me preguntó porqué no me compraron unos anteojos que tuvieran acorde con la forma de mi cara. No le contesté, se imaginó el motivo y calló. ¡Bah! con el tiempo se acostumbraran a verme con los anteojos y olvidaran que son feos y que sólo yo los porto. Ayer martes vino tardísimo mi tía Delia Eligia a casa. Vino más tarde que mi papá que había venido ya tarde, no sé si él trajo el olor de otra mujer, mi mamá no le hizo escándalo. Yo oí cuando ella abrió la puerta a mi tía Delia Eligia y le gritó que era una barbaridad que viniera a tan altas horas de la noche estando embarazada y que esa noche no había tenido tranquilidad porque mi papá había llegado tarde también, ésta le dijo que había estado con unas amigas.

cuatro de julio de 1963
Me di cuenta de que el papá del hijo que va a tener mi tía Delia Eligia no quiere saber nada de ella y del hijo que tiene en el vientre. Ella va donde ese hombre y él la echa del taller de mecánica como un perro sucio, así se lo contó a mi mamá, casi llorando de la cólera y maldiciendo de su mala suerte y lo dunda que fue en creerle, que mejor hubiera actuado como antes que anduvo con otros hombres a quienes no les creyó las mentiras que le dijeron y siempre estuvo en guardia y no se permitió ningún descuido. ¡Qué horrible, el hijo de mi tía Delia Eligia será un hijo sin papá! Yo no puedo imaginármelo. Si mi papá no viviera más en la casa no sé qué sería de nosotros y sobre todo de mí.

siete de julio de 1963
Foto: Quetzal-Redaktion,gt)Anteayer viernes vino la esposa del hombre al cual mi tía va a tenerle un hijo y armó un escándalo terrible. No vino sola, vino con su hermana. En un momento determinado, ella y mi tía Delia Eligia, comenzaron a pelear y su hermana quiso ayudarle, eso obligó a que mi mamá interviniera y ellas se fajaran, lo cual obligó a que nos metiéramos Teresa Trinidad y yo en la pelea. Yo fui a la cocina y tomé rápido un mazo de madera que utiliza mi mamá para darle a la carne cuando hace beefsteaks o carne fría y regresé, di ganosamente mazazos en la cabeza de la adversaria de mi mamá, empezó a salirle sangre, ella la sintió y se tocó la cabeza con una de las manos, vio ésta y miró su sangre, lloró y pegó gritos como una loca y volvió repetidas veces a tocarse la cabeza y mirar su sangre y gritar. La veía y me causaba miedo. Mi mamá y Teresa Trinidad ayudaron a mi tía Delia Eligia y le dieron con furia y con fuerza a la mujer hasta que no pidió cacao, ésta cogió a su hermana de la mano, quien no paraba de verse la mano con sangre y llorar y gritar, y aseguró a mi mamá que ellas iban a volver pronto. Se fueron y los vecinos de la calle empezaron a meterse en la casa y preguntar, ¿porqué nos habían agredido? Mi mamá les mintió, la gente de la calle, que no es tonta, había escuchado ya todito lo que la esposa del hombre a quien va a tenerle un hijo mi tía Delia Eligia había dicho. No pasaron ni veinticinco minutos cuando se paró un jeep de la policía y de éste bajaron las dos hermanas y dos policías. El dime que te diré no tenía fin y los policías oían y no decían nada. Al final, ellos se fueron de la casa llevándose a las dos mujeres, a mi mamá y a mi tía Delia Eligia. Teresa Trinidad y yo fuimos al trabajo de mi papá y le contamos lo sucedido, él pidió permiso al jefe en la mansión ésa de la Conferencia Episcopal y fue al Cuartel Central de Policía de Managua, Hormiguero, al cual habían llevado a mi mamá y mi tía Delia Eligia. Él regresó a medianoche viniendo acompañado de mi mamá. Teresa Trinidad y yo los esperábamos, Sebastián Egidio y Luis Antonio estaban dormidos. Les preguntamos por mi tía Delia Eligia, mi papá respondió que la habían dejado en el Hospital el Retiro y mandó a acostarnos sin darnos oportunidad para otras preguntas. Ayer sábado me di cuenta de que mi tía Delia Eligia va a perder al niño, la mujer le pegó fuerte en el estómago y el niñito aguantó los golpes sin poder defenderse. ¡Pobre mi tía Delia Eligia!

nueve de julio de 1963
Beatriz dice que una su tía tuvo problemas con el niño que tenía en el vientre, se lo sacaron, él murió y su tía casi se muere si no hubiera sido porque fue atendida en un hospital privado, el más caro del país, que cuenta con médicos bonísimos que son casi genios. Me recomendó que fuera haciéndome a la idea de que mi tía Delia Eligia y el niñito que tiene en el vientre van a morirse porque están en el Hospital el Retiro y no en un hospital privado, los hospitales públicos no cuentan con buenos médicos, sólo con malos médicos. Mis papás han ido a visitar a mi tía en el Hospital el Retiro pero no nos informan nada. ¡Ojalá se salve mi tía Delia Eligia y el niño!

diez de julio de 1963
Mi tía Delia Eligia tuvo suerte, no se murió, lamentablemente tuvieron que sacarle el niño del vientre, él estaba muerto ya. Mi mamá fue a recogerla al Hospital el Retiro y la trajo a casa. Ella se ve flaquita. Teresa Trinidad va a ser huésped en mi cama mientras mi tía Delia Eligia termina de recuperar el estado de salud.

doce de julio de 1963
Hoy viernes no fui por la mañana al colegio, mis papás y mi tía Delia Eligia me llevaron al Cuartel Central de la Policía de Managua para terminar de aclarar el caso de la mujer a la cual le di con el mazo de madera. Ella y su hermana y el marido de su hermana que iba a ser el papá del niño de mi tía Delia Eligia y ya no lo será llegaron primero que nosotros. El señor policía, el cual tenía que solucionar el problema, era un hombre joven y moreno. Él oyó con atención a quienes hablaron, mi papá y yo no hablamos, y en oportunidades tuvo que ponerse bravo para calmar a los que se alteraron o hablaron mucho diciendo siempre lo mismo con otras palabras. Después me preguntó porqué pegué mazazos a la mujer, no le contesté como me instruyó mi mamá, ella me ordenó que contara que le pegué una sola vez sin querer hacerlo y que fue por equivocación ya que lo único que yo quise fue golpear la mesa de la sala para que parara el alboroto, le contesté que le pegué repetidas veces con ganas y con furia en la cabeza porque ella estaba peleéndose con mi mamá. Mi papá movió la cabeza de derecha izquierda y de izquierda derecha, dando a entender su desaprobación, mi mamá me jaló la oreja izquierda sin importarle que la viera todita la gente. Yo le reclamé diciéndole que yo no era mentirosa. El señor policía dijo que estaba muy bien que yo no era mentirosa y regañó a mi mamá debido a que me jaló la oreja. Nos mandó a casa y nos pidió que no siguiéramos peleando, la próxima vez nos mandará a la cárcel. En la calle fue inevitable que mi tía Delia Eligia y su enemiga se gritaran: (La mujer) »¡Puta caliente!« (Mi tía) »No sirves mosquita muerta en la cama.« (La mujer) »Descarada, gallina.« (Mi tía) »Malparida, tabla.« Mi papá tomó del brazo a mi tía Delia Eligia y nos retiráramos del lugar. El hombre gritó a mi tía Delia Eligia que no volviera a aparecerse en su taller porque iba a darle de palos si lo hacía. Mi mamá quiso emprenderla conmigo de nuevo porque conté la verdad al señor po¬licía y porque él la regañó, el Diablo me favoreció, mi papá estaba muy molesto y la mandó a callar.

————————————-

* poetisa de Nicaragua, miembro del taller „10 poetas del sesenta“

Abbildungen: Quetzal-Redaktion, gt


Weitersagen:

Kommentar schreiben




top