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A modo de introducción

Autor:  |  Sommer 1996

El trinar de los pájaros lo hizo percatarse de que amanecía. Otra noche pasó, sin que Saulo lograse dormir. Esa era una mañana fresca, de una primavera que comenzaba. Se levantó de la cama y se dirigió al baño, no quiso mirarse en el espejo, de antemano sabía que el ver su propia imagen lo deprimiría aún más que los malestares físicos que experimentaba. Como de costumbre, por la mañana gustaba orinar sentado en el retrete, era una forma de prolongar su cansancio, su falta de motivación, su deseo inalcansable de tiempo atrás por dormir como la gente decente.

Luego de un largo y sonoro bostezo abrió la llave del agua fría, tomó un poco de ésta, hizo unas gárgaras y la escupió con fuerza. Según Saulo, lavarse los dientes era poco saludable, ya que corría el riesgo de lastimarse y verse obligado de ir con el dentista. La sola idea de pensar en gastos extras lo maltrataba. Enjuagó sus manos y salpicó su cara con agua. El contacto de sus manos con la cara le recordó lo grasoso de su rostro. Esto no le importaba, su cara estaba tan grasosa como la toalla que usaba desde hacía un tiempo difícil de precisar.

Se dirigió a la cocina que se encontraba del lado izquierdo del cuarto de la azotea, donde desde hace un par de años moraba. Encendió la parrilla eléctrica y puso sobre ella una olla de peltre para calentar agua para su café. Cruzó por la puerta de metal para salir de su cuarto, caminó através de los tendederos de ropa hasta llegar al traspatio del edificio. Desde la altura de un tercer piso encontró de nueva cuenta a un colibrí, el cual hacía su rutina de buscar néctar en las flores del viejo y único colorín, que se encontraba rodeado por las diferentes viviendas de la vecindad. Se le quedó mirando sin pensar en nada, era como una ausencia, un vacío en la conciencia,, producto de la mezcla de cansancio, intoxicación y una apatía en su entorno. No obstante, mirar a ese colibrí, el cual consideraba Saulo como su amigo, le proporcionaba una especie de tranquilidad, de armonía con el entorno, como una especie de esperanza de que aún existe la belleza en este mundo de desolación.

Volvió de sus ensoñasiones al darse cuenta que el colibrí había volado en una dirección para Saulo desconocida. Fue entonces que tuvo una visión, una ligera pero perceptible fuerza por luchar, por buscar algo que lo ayudara a abandonar ese estado de letargo, de inactividad, de lo cual era con-ciente, pero para él incomprensible. Aunque en verdad nunca se había dado a la tarea de confrontarse consigo mismo, sus esfuerzos se limitaban a luchar contra ese mundo exterior que consideraba injusto. Caminó en dirección opuesta, como impulsado por algo, como si estuviera decidido a emprender una nueva vida. Con paso firme libró la tubería, rodeó el tinaco de asbesto y generalmente con poca agua, hizo de lado la ropa que tendía a su paso hasta que llegó a la barda que protegía a los niños del vecindario de que cayeran de la azotea a la transitada calle, que formaba parte del complicado sistema de transporte y contaminación de la gran ciudad de México.

El pasar de los autos y el andar de la gente que empezaba sus actividades diarias lo desanimó de nueva cuenta. Toda esa gente que veía y que suponía se dirigía a realizar sus actividades confundió su pensar. Por un lado, era bueno saber que no se tenía obligación alguna, pero por otro lado, resultaba aterrador el ocioso pasar del tiempo, ese sin sentido de su existencia. Se dijo asimismo, a partir de hoy soy una nueva persona.

Regresó a su cuarto para tomar el acostumbrado café soluble y fumar el primer cigarrillo del día. Luego de haber preparado su café y de haber encendido su cigarrillo sin filtro encendió su vieja televisión de contrabando y en blanco y negro escuchó las noticias del día. En realidad no le importaba saber sobre el mundo actual de la política, de la economía o de la cultura. En el mejor de los casos le interesaban los resultados de los deportes, del apasionante mundo del fútbol, de ese deporte donde se expresan las más fuertes emociones de los hombres, de los muy hombres. Esa información le interesaba, porque a su parecer, era la que mejor entendía. A pesar de que físicamente se orientaba hacía la televisión, no se concentraba en los mensajes que el aparato vomitaba. Más bien la televisión era el sustituto de una compañía, ella le servía para no sentirse tan sólo, las voces, la música y los ruidos que de ese vegestorio televisivo emanaban, por decirlo así, lo jalaban a este mundo de las apariencias, a este espacio y tiempo que nos hace recordar de que no estamos solos. La televisión, en cierto modo, nos rescata a cada momento de caer en esos abismos del pensamiento, en esos laberintos de la imaginación. En todo caso, debemos agradecer a los medios de información masiva que nos alimentan con contenidos para nuestra fantasía, que nos hacen soñar despiertos, en eso que quisiéramos ser. Sobre todo, nos distraen de esos malos pensamientos que nos recuerdan lo miserable de nuestras vidas y las perversidades de nuestros gobiernos.

Saulo empezó a dormitar, a sentir esa flacidéz que recorría cada músculo de su cuerpo. Se repetía ese ciclo de inactividad matutina, ese reincidir en lo que hacía diariamente, parasitar, dejar correr el tiempo hasta al atardecer y salir en busca del pan y el trago de cada día. Esto no lo permitiría, no iba a dejar pasar la visión que había tenido previamente. Tenía que hacer algo para si mismo, emprender la búsqueda de esa panacea, de aquella fórmula que sirviera para todo. Ah!, pero eso si que no violentara su inquebrantable principio de la parcimonía, de es sabía ley de la biología del mínimo esfuerzo. Pensó que lo primero que tendría que hacer era devolverle la fuerza a su cuerpo, el pasar de los años no sería un impedimento para él, para recobrar las energías que le permitirían alcanzar lo inalcansable. Daba lo mismo que fuera eso, por ahora no importaba saber que es lo que se deseaba, bastaba saber de que iba a buscar algo y ese algo sería seguramente lo que quería.

Miró a su alrededor y topó su mirada una pila de papeles desordenados. Y se dijo asimismo que el saber se encontraba resumido en los libros. No tenía muchos libros, por supuesto los pocos que tenía no los había leído. El se decía que cuando llegara el momento indicado, se daría a la tarea de leer todos los libros que tenía. En eso recordó que él nunca había comprado un libro, los que estaban en su modesta biblioteca los había encontrado, robado o en su defecto alguien se los había prestado. Revisó los materiales que de canto mostraban su contenido. Había dos novelas de amor y de pasión de dudosa calidad literaria. Había un libro de biología para el segundo año de secundaria, un diccionario incompleto. El que finalmente llamó su atención fue el más delgado de todos, un pequeño libro que por título llevaba: “Antiguo Recetario Medicinal Azteca. Cúrese con Plantas y Hierbas”.

REMEDIOS CASEROS

Saulo abrió por la primera página el pequeño libro, como no sabía que quería decir prólogo, entonces éste lo pasó por alto. Pensó que no tenía sentido leer el libro desde un principio, lo mejor sería buscar directamente la información que le pudiera ser de utilidad inmediata. Bajo este criterio hojeó el libro y se detuvo en la sección dedicada al aceite de oliva. Encontró lo siguiente:

El aceite de oliva es un alimento estupendo por la gran cantidad de vitaminas, hierro, sodio y potasio que posee.

Se dijo asimismo: – Esto suena interesante – y continuó…

Propiedades:

Se usa para combatir el estreñimiento, contra las afecciones hepáticas, para desintoxicar el organismo en personas envenenadas y contra las diarreas y pujos.

Sería difícil estar seguro que haya comprendido todo aquello que leyó. Saulo asintió, dirigió su mirada en dirección a la televisión que seguía llenando el cuarto de Saulo de sonidos. Saulo reflexionaba un tanto maravillado de los profundos conocimientos de los aztecas, que habían

logrado arrancar las propiedades curativas del aceite de oliva. Lo que no se imaginaba Saulo era el hecho de el mentado aceite de oliva y en general el árbol de oliva lo introdujeron los españoles, después del genocidio practicado en nombre de la iglesia y de la corona española. Pero bueno, a quién le pueden interesar esos detalles cuando se tienen aquellos padecimientos que pueden curar el aceite de oliva vía cucharadas soperas nocturnas, diurnas o combinadas con otros curativos como el limón o el agua de rosas.

Motivado por la lectura, Saulo hojeó el libro y se detuvo en la sección dedicada al aguacate, ese maravilloso alimento que para unos es una fruta y para otros en una verdura. Ese alimento que constituía la mantequilla de los indios, ese alimento hermoso por su color y textura y materia prima del guacamole. Delicia de un buen comedor de tacos. Saulo que gustaba el sabor del aguacate se interesó por saber más de ese alimento realmente originario de América.

Aguacate.

El aguacate es un árbol lauráceo, de tallo leñoso, hojas verdes y fruto altamente nutritivo, con gran cantidad de vitaminas.

Propiedades:

Afrodisiacas, combate la caspa y la tina en el cuero cabelludo, contra cólicos menstruales y hemorragias, contra la tos,, disentería, gota, peritonitis (inflamación de la membrana que recubre la superficie interior del vientre), lombrices intestinales y para matar piojos y liendres.

Modo de empleo:

La pulpa del aguacate es un afrodisiaco magnífico, ya que aumenta la tonicidad de los órganos sexuales, aumentando de esta forma el apetito sexual.

Contra la caspa y la tina, moler el hueso o semilla con aceite de ricino y friccionar con esta pasta el cuero cabelludo. Posteriormente, se cubre el cabello con un plástico o franela y al siguiente día, se lava muy bien.

Contra cólicos menstruales, hemorragias y tos, tomar una taza del cocimiento de dos hojas para un cuarto de litro de agua.

Debido a que Saulo no estaba acostrumbado a efectuar lecturas tan profundas e intensivas se vio obligado a hacer una breve pausa para explicarse a su manera el contenido de lo que había leído. Como resultado de un exitoso esfuerzo de deducción llegó a comprender el significado de la palabra afrodisíaco. Lo que para el no era otra cosa más que ponerse cachodón, caliente, ese deseo de fornicar. Sin embargo, se dijo para sus adentros: – Está bueno saber ésto del aguacate, pero con lo jodido que ando, crudo, sin plata y sin vieja, lo mejor es que no le entre al aguacate, porque si no nomás me la voy a estar pasando haciendo puras mañuelas-. El sabía que no era bueno masturbarse, porque según sus amigos, le decían que la masturbación frecuente secaba el cerebro y hacía que le salieran a uno pelos en la palma de la mano. Se quedó mirando su mano y hasta ese día no encontraba rastros de bellocidad alguna.

Continuó con su lectura deteniéndose en un apartado especial para el ajo. El apartado de este maravilloso producto de la naturaleza era extenso, pues abarcaba casi tres páginas del libro, por lo cual se limitó a asumir los poderes curativos del ajo, pero por desgracia era tan penetrante su olor que por razones de la estética y de las relaciones interpersonales lo más recomendable era prescindir de su potencial curativo.

Probablemente Saulo se desanimó por no encontrar una respuesta rápida para curar sus malestares físicos, que ni el mismo era capaz de precisar, pero si de sentirlos e incluso de inventarlos. Por ello fue que su búsqueda se limitó hasta la letra C con las en el libro referidas propiedades curativas del cilantro, el cual por cierto es una planta que pertenece a la familia de las umbelíferas (vaya usted a saber lo que esto significa), tiene flores rojisas o blancas y el tallo de la planta es estriado y cilindrico. El cilantro es una hierba que se usa con frecuencia en la comida mexicana como condimento. Por cierto, el cilantro hay que lavarlo muy bien pues es especialmente apreciado por un sinnúmero de amibas y como podrá imaginarse el lector, si no se lava perfectamente se corre el riesgo de pescar una amibiasis, con los consecuentes dolores estomacales y diarrea. Aunque se pueden consumir otras plantas medicinales para combatir tales malestares, lo más recomendable es la higiene. Un par de datos interesante acerca del cilantro es que favorece a la digestión y particularmente favorece a tener un buen aliento. Sin embargo, los gases producidos por la actividad digestiva están fuera del alcance de las propiedades de esta, por las amibas y por muchos mexicanos, apreciada planta.

MERCADO DE TRABAJO

Las entrañas de Saulo llamaron irremediablemente su atención, un dolor de estomago producido por el hambre, lo obligó a procurarse algo de alimento. Por tal razón, fue a casa de su madre a robarle un poco de comida. Eran poco antes de las 10 de la mañana, su padrastro ya no estaría en casa y su madre tal vez tampoco. Una de sus medias hermanas lo podría atender. Se encaminó a la planta baja donde vivía su madre, tocó la puerta y ésta la abrió su media hermana. Ella comenzó por decirle una bola de cosas, tales como que no lo debería dejar pasar, que su mamá ya no quería que la fuera a visitar hasta que Saulo tuviera trabajo, etc., etc. La historia de siempre, gritos, amenazas y regaños que propinaba su madre y su media hermana repetía. Acostumbrado a ello, Saulo hizo de lado a su media hermana, y se dirigió a la estufa de donde comió a cucharadas los frijoles fríos contenidos en la olla de barro, comió un par de tortillas que estaban al alcance de la mano. Mientras masticaba y tragaba la comida la hermana continuaba con la letanía de injurias que había escuchado su madre le decía a Saulo cada vez que se prestaba la ocasión. Luego de apaciguar su hambre le agradeció a su media hermana por la comida, y se encaminó a la puerta de la vivienda, haciéndole recomendaciones de que no anduviera de coqueta. Porque de encontrarla besuqueándose, por ahí, en un lugar a obscuras le pondría una paliza. Al tiempo que le decía esto, la hermana le respondía con groserías. Al llegar a la puerta se despidieron coordialmente los medios hermanos.

Con el estómago lleno Saulo logró una particular claridad en sus pensamientos. Resultaba claro para él, que para mejorar su situación física y mental era prudente llevar una adecuada alimentación y una vida sana. Pero para eso, se necesitaba dinero. Por tanto su siguiente paso consistía en informarse sobre un empleo que le redituara las mayores ganancias en corto tiempo. Por tal motivo fue directamente a buscar el consejo de un amigo con mucha experiencia, el Tico.

Saulo llegó al lugar de trabajo del Tico, una calle en el centro de la ciudad. Allá sentado tomándose un refresco estaba el Tico a sus pies se encontraban sus utensilios de trabajo, una cubeta, un pedazo de tela gruesa, una franela roja descolorida por el uso, un cepillo con cerdas desfiguradas de plástico y una pequeña bolsa con detergente para ropa. Luego de intercambiar saludos Saulo fue directamente al grano. De modo diplomático Saulo le preguntó al Tico como había obtenido su ocupación actual.

Tico, con todo lujo de detalles le narró a Saulo que hacía ya varios años él trabajaba como obrero en una fábrica de aceites de cocina que se llamaba Libertador, ese había sido su único y último trabajo en una empresa grande. Le comentó que el sindicato se lanzó a la huelga contra la empresa, porque ésta no hizo ningún ofrecimiento de aumento de salario, el conflicto duró cerca de seis meses. Esa huelga, como otras que habían hecho, la perdieron. La empresa simplemente se declaró en quiebra, los dueños cerraron la fábrica y abrieron otra con un nuevo nombre. Desde entonces Tico dejó de ser obrero, a pesar de que intentó varias veces conseguir empleo en otras fábricas, simplemente no tuvo éxito, en todos los casos lo rechazaron. Los argumentos que le daban eran de que estaba viejo para el trabajo, que no estaba calificado, que carecía de experiencia en el ramo. Siempre terminaba el Tico con la impresión de que era un inútil.

Desde entonces se decidió por ser su propio patrón y ganarse la vida por iniciativa propia. Le dijo a Saulo que para lograr ser el lava carros de ese estacionamiento en plena vía pública fue necesario hacer de lado y a punta de golpes a la concurrencia. Así pues, fue que a los que antes trabajaban en esa calle lavando y cuidando carros les fue poniendo uno por uno tal golpiza, hasta que por su propia cuenta le dejaron toda esa calle y con ello los automovilistas y sus carros sólo para el Tico. O sea que las circunstancias fueron las que llevaron a Tico a tener esa ocupación, la cual no era precisamente de lo más atractiva. En fin, a Saulo le interesaba saber que tal eran las ganancias, fue asi que le preguntó que cuanto sacaba a la semana.

Antes que nada el Tico le dijo a Saulo que eso no se preguntaba y que si le iba a pedir dinero prestado, de plano lo olvidara. Para lo cual Saulo le dejó claro que no le iba a pedir dinero, sino que buscaba su consejo para tener una ocupación que le dejara dinero’. Tico le advitió que si pensaba trabajar en su calle tendría serios problemas con él. Saulo le aclaró a Tico que esa no era su intención. Luego de poner las cartas sobre la mesa, Tico le confesó que sus entradas económicas eran variables, porque en una buena semana llegaba a sacar hasta unos trecientos pesos, pero en caso contrario sacaba por semana unos cien pesos. El Tico no sabía con exactitud cuánto llegaba a recolectar en una semana, pero su estimación era de doscientos pesos a la semana. De hecho, Tico no se limitaba a sus entradas económicas como lava y cuida carros, además, el llegaba a tomar trabajos de ocasión como pintor, albañil, cargador, etc. por las tardes y noches.

Saulo preguntó acerca las tarifas de Tico, para lo cual él le respondió que dependía del tamaño del carro, y si la lavada comprendía la parte externa y la interna.

- Mira Saulo – dijo Tico – si es carro compacto son siete varos, si es mediano entonces son diez, grande trece pesos y si es una camioneta, entonces eso cuesta quince del águila. Échale además, que si se lava el carro por dentro son cinco varos más. Si el patrón quiere que se le lave el carro no se le cobra por estacionarse, sino entonces se le pide al dueño del carro que se coopere con una feria por la cuidada. Si te va bien te dan hasta cinco pesos por cuidar el carro, sino te dan nomás un varo. Pal caso da lo mismo, el chiste es que de una o de otra manera les saques una lana.

Saulo se quedó un momento pensativo, para él fue claro que esa no sería una ocupación agradable. No le gustaba la idea de tener que pelear por un pedazo de calle, estar sujeto a lo que los potenciales clientes le quisieran dar por su trabajo. Pero sobre todo le molestaba la idea de tener que trabajar ocasionalmente por las tardes y noches con el fin de ganar unos centavos más. Se despidió de Tico y siguió su camino sin una dirección fija. Algo así como si fuese al encuentro con su destino.

Un par de calles más adelante oyó que alguien le llamaba por sus espaldas, volteó la cabeza, desconcertado por la llamada que le hacía. Se trataba nada menos que de Juan el taxista, quién en su unidad tomaba un refresco de cola. Saulo se acercó para saludarlo.

- Qué tal Juanillo hace un rayo que no te divisaba. Qué? No me digas que te sacaste la lotería, desde cuándo traes el taxi?

- Uy manito, la unida’ la acabo de conseguir como desde nace un mes. Esta chída, no? – replicó” Juan con arrogancia.

Saulo espontáneamente se dio a la tarea de continuar con su investigación de un oficio o profesión que le sirviera de base para volverse rico, o al menos que le permitiera ganar el dinero suficiente, para vivir como la gente decente. Saulo de inmediato se quiso informar sobre las ventajas y las desventajas de ser taxista. Así que primeramente preguntó si el taxi le pertenecía a Juan. Este le respondió que por supuesto la unidad no le pertenecía, sino que formaba parte de una flotilla de taxis, cuyo dueño era un político que no estaba activo en ese sexenio presidencial. La pregunta obligada a continuación fue cómo es que Juan había tenido la concesión para manejar el taxi. La respuesta de Juan fue directa, mediante la recomendación del primo de su esposa, quién a la vez era chofer de otra de las unidades de la flotilla de taxis. En otras palabras, a través de conocidos había conseguido el trabajo como chofer de taxi.

Los ingresos económicos era otra de las preguntas de interés para Saulo, la pregunta la formuló con cierta cautela: – Seguramente sacas una buena lana trabajando como taxista, no? – interrogó Saulo.

- Bueno fuera carnal – interpeló Juan y prosiguió

- No te creas que es tan fácil, primero que nada tienes que sacar lo de la cuenta, échale ciento veinte pesos diarios. Aparte dejar lleno el tanque de la gasolina y el motor debe de estar bien llenito de su aceite. Después lo que saques es ganancia.

- A poco tienes que dar todos los días que trabajas una cuentota de ciento veinte bolas? – preguntó incrédulo Saulo.

- Claro que si carnal! – afirmó Juan y siguió hablando – Mira carnal, empiezo a trabajar a las seis de la mañana y no le paro hasta sacar lo de la cuenta, la cual la tengo que entregar a más tardar a las seis de la tarde. Si para entonces no he sacado la cuenta, le trabajó como burro hasta sacar la lana. Echándole cuentas a veces trabajo hasta veinte horas por día. Bueno, aunque por suerte no es siempre así. Algunas veces, cuando tienes suerte carnal. En 12 horas de andar parriba y pabajo me he sacado hasta trecientos pesos. Eso es cuando me ha ido a toda madre.

- No pos así está chido Juanillo. Seguro y de volada te sacas unos buenos billetes – concedió Saulo.

- Aunque sabes, lo que más me saca de onda carnal – continuó Saulo – Es eso de tenerles que dar una feria cada vez que te paran esos pinches policías de tránsito y a los de Servicios Públicos.

Los primeros te encajan el diente dizque, porque violaste el reglamento de tránsito y los otros hijos de la chingada porque según tu documentación pa circular nosta en orden. Siempre te inventan algo y para que te dejen seguir chambeando, no te queda otra más que darles una lana. Bajita la mano son 25 o 30 pesos.

Saulo se quedó con la mirada perdida, como si estuviese mirando el punto más lejano en el infinito. Cuando Juan se dio cuenta de ello. Le dijo que no lo estaba escuchando y que parecía que andaba como drogado. Saulo negó las afirmaciones de Juan, justificando su ausencia, diciendo que estaba escuchando con atención. En realidad Saulo se imaginaba frente al volante de un taxi, dando servicio a una mujer hermosa. Pero, solamente Saulo y nosotros sabemos lo que él estaba pensando. Saulo le preguntó a Juan cuántos días a la semana trabajaba, para lo cual éste último contestó que seis. El jueves era el día en que el taxi no circulaba, o sea, que Juan ese día no estaba obligado a trabajar. Saulo continuó con su interrogatorio, de tal modo, quiso saber porque Juan se encontraba en esos momentos estacionado y tomándose un refresco.

Mira carnal. – dijo Juan – Esa es otra cosa que no te he contado, hoy por ejemplo tengo que llevar al taller el carro, porque la bomba de la gasolina anda fallando. Y eso por ejemplo, yo lo tengo que pagar, como otras reparaciones que le dan mantenimiento a la unida. Así por ejemplo, si choco el carro a mi me toca pagar el deducible del seguro. La buena onda es que me dan chance de pagarlo a crédito, pero si el otro tiene la culpa, pues le toca pagar a él, aunque de todos modos yo me chingo, porque los día en que no circulo, pues nadie me los paga y así se pone dura la cosa.

El trabajo de taxista es efectivo. – prosiguió Juan – Conoces mucha gente, andas de un lado pal otro. Aunque bueno, también hay que andar a las vivas, porque gracias a dios – se persignó Juan – a mi no me han asaltado, pero a varios colegas ya los han atracado. La neta ni tienes chance de defenderte, porque no es que te saquen un cuchillo, sino que de plano sacan la pistola. Y no tiene caso defenderte con un desarmador cuando el otro te saca un cañón, o no? – Saulo se limitó a asentir con la cabeza.

Juan, quién no paraba de hablar, continuó describiendo su trabajo. -Tiene sus ventajas y sus desventajas el trabajo de taxista. Por ejemplo, no pagas impuestos, bueno, mejor dicho no te quitan impuestos y eso está bien, porque tu ya sabes que los del gobierno nomás se roban nuestro dinero y ni se les puede hacer nada. Lo malo está en que uno no está pensionado, o sea, que cuando uno ya se retira de trabajar, no te dan dinero por estar jubilado y bueno tampoco está uno asegurado, o sea que si te enfermas a tí te toca pagar todos los gastos médicos y eso de plano no es nada barato. Lo bueno es que por ejemplo, la medicina la puedes comprar en la farmacia, y está bien por que el boticario luego hasta sabe más que los médicos y lo mejor de todo es que no te cobra por la consulta.

Saulo empezó a sentirse mareado, por un lado porque Juan hablaba mucho y rápido. Por otro lado, el posible sueño de trabajar como taxista se iba desvaneciendo. Esta ocupación no era tan fácil, como se la imaginaba Saulo, ya que para empezar no tenía licencia de manejo, ni mucho menos licencia de taxista, tampoco tenía conocidos que lo recomendaran como chofer de taxi, peor a un no se imaginaba que fuese capaz de trabajar más de 10 horas al día y menos aún en un auto compacto en pleno congestionamiento típico y cotidiano de la ciudad de México.

Mientras Saulo buscaba la forma de terminar la conversación con Juan, éste se le adelantó, diciendo que todavía tenía que hacer un par de cosas. Saulo intervino con objeto de ahorrarse la descripción que podría dar Juan sobre las cosas que tenía planeadas. De este modo, se despidieron con un apretón de manos.

Saulo caminó sin rumbo fijo, se sentía vacío, hasta ese momento no encontraba algo que le motivara. Era evidente que él mismo no sabía ni lo que quería ni lo que buscaba. Sus actos dependían del azar. De este modo fue que se topó con el Checo. Un conocido de su barrio, se sabía que el Checo había estado en prisión y que con frecuencia estaba metido en líos con la policía. Su historial criminal era amplio, abarcaba robo, pan-dillerismo, contrabando e incluso se sospechaba también de asesinato. Su ocupación actual era el narcotráfico, actividad ilegal, pero lucrativa.

Checo inició la conversación, le pidió a Saulo que lo acompañara, porque tenía que encontrar a un conocido. Le pidió que le cargara por un momento una bolsa de plástico. Saulo preguntó la dirección de su camino y recibió una respuesta por demás imprecisa – Aquí adelantito -. Así fue que andarón juntos un par de calles, hasta que Checo le indicó a Saulo que lo esperara un momento en la tienda de la esquina, incluso le invitó a un refresco para que fuese más plácida la espera. Mientras tomaba su fanta Saulo tuvo curiosidad por ver lo que contenía la bolsa de plástico. Luego de echar un vistazo la cerró de inmediato y le embargó un sentimiento de pavor y de paranoia. La bolsa estaba llena de mariguana. Se puso a rezar todo pálido, deseando que volviera lo más pronto posible el Checo. Tal fue su aspecto que la señora de la tienda, preguntó si se sentía mal. Saulo dijo que no, que estaba bien. La señora de la tienda no le creyó, pero creció su desconfianza en Saulo.

Minutos después regresó el Checo, diciendo – No hay Moros en la costa. – Le quito la bolsa de Plástico a Saulo y se retiró de nueva cuenta. Saulo sintió un alivio, como si se hubiese librado de una pesada carga. La señora de la tienda observó toda la operación. Repentinamente se dirigió a Saulo y le dijo qut no permitía que en su tienda se llevaran a cabo esa clase de negocios sucios y que lo mejor era que Saulo se retirara, porque de no hacerlo llamaría a la policía. Saulo intentó dar a la señora una explicación, pero de inmediato comprendió que no tendría sentido alguno hacerlo. De modo que dejó la botella de refresco en el mostrador y se encaminó en la misma dirección en la que el Checo acababa de retirarse. Deambuló unos minutos caminando de un lado al otro de la calle, hasta apareció por un portal el Checo. Este se veiá contento, acababa de cerrar un negocio. Al dirigirse a Saulo, le dijo que lo acompañara a tomarse una cerveza, Saulo le dijo con cierto cuidado, pues no sabía como podría reaccionar el Checo, si nada más era para tomar una cerveza o si iba a cerrar otro negocio. El Checo le dijo que no tuviese miedo, ese día había terminado ya sus negocios.

Caminaron sin conversar, entraron a una vinatería, el Checo compró una botella de ron 12 botellas de cerveza y un par de cajetillas de cigarros. El Checo le dijo: – Ahora vamos a mi casa – Unos metros más adelante se metieron a un vecindario. Este consistía en un corredor largo a cada lado se encontraban las viviendas y enfrente de estas podían observarse todo tipo de objetos, tanques de gas, los retretes compartidos, ropa colgada, macetas con flores, juguetes de los niños, niños corriendo por doquier, una que otra bicicleta, cabezas que se asomaban por las pequeñas ventanas al tiempo que caminaban. Casi al final del corredor entraron en la vivienda del Checo, al abrir éste la puerta salió un tufo a humedad y pestilencia.

Se instalaron en el cuarto semiobscuro que constituía la vivienda del Checo. Dado el buen humor del Checo y de que ambos estaban en sus cinco sentidos, mejor dicho no estaban plenamente intoxicados, aprovechó la ocasión Saulo para averiguar la actividad a la que se dedicaba el Checo. De modo diplomático, empezó Saulo diciendo que él sabía a que se dedicaba Checo, y que le interesaba saber cómo es que consideraba el propio Checo el modo de ganarse la vida. Checo se le quedó mirando profundamente, dio un trago a su cerveza, se limpió la boca con la mano y le dijo: -Soy un intermediario -, ya que el no producía la mercancía, ni la transportaba, simplemente era un intermediario entre el narco grande y el vicioso.

Saulo, entonces quiso averiguar todos los diferentes aspectos involucrados desde el inicio hasta el final de la actividad del Checo. Esta vez, el Checo le dio un trago a la botella de ron, se la acercó a Saulo y esperó hasta que Saulo le diese un trago. Entonces, de modo cortante el Checo respondió: -Primero invertir en el material, luego ir por éste y llevarlo directamente al consumidor final, ya sea directamente a su casa o que vengan aquí a recogerlo. El vicioso es el consumidor final. Y todo esto es nomás el negocio al menudeo. – Checo volvió a dar un trago a su cerveza y preguntó, – Qué, tienes otra pregunta?. Sin pena alguna dijo que si tenía otras preguntas, él quiso saber con que tipo de mercancia traficaba. Checo respondió con voz grave -Mota por cuartos, medios y kilos. Cocaína al menudeo, o sea que por gramos.

De su bolsillo sacó un pequeño papel doblado. Con mucho cuidado lo abrió y se lo mostró a Saulo. Checo puso una pequeña cantidad sobre una mesa baja. Tomó una navaja de rasurar y picó finamente los pequeños granos blanquiamarillos de polvo. Formó con el polvo tres líneas, enrolló un billete. Se colocó éste en la nariz, se agachó y aspiró dos de las líneas de polvo por el previamente formadas. Checo le dio el billete enrollado a Saulo y le dijo que aspirara la otra línea. Saulo lo hizo, no precisamente por su gusto, sino para evitar cualquier fricción con Checo. Luego de aspirar la cocaína, no sintió nada en particular Saulo. Incluso pensó, que la cocaína no le hacía nada a él. Entonces Saulo volvió con sus preguntas, en esta ocasión su deseo fue saber acerca de los clientes de Checo.

Checo respondió lacónicamente – De todo, principalmente gente joven, casados solteros, ricos y pobres. Gente adicta. Pero principalmente hombres. Saulo continuó preguntando, esta vez respecto horario y lugar de trabajo. La respuesta del Checo, para variar, fue simple. – En la calle o en mi casa, siempre en horas hábiles. Las horas hábiles para el Checo significaban mientras el estuviera despierto y en posesión de mercancía.

Hicieron una pausa en el interrogatorio, fumaron un par de cigarros, aspiraron más cocaína tomaron cerveza y ron. Saulo empezaba a sentir la influencia de los tóxicos consumidos así que se apresuró con las preguntas. La siguiente fue acerca de lo más difícil en la actividad del narcotráfico:

- Puta madre! – Comenzó diciendo Checo – Lo más difícil es cuidarse de la ley, ya que es una actividad penalizada y también lo más difícil es no caer en la adicción. Saulo dijo que si su trabajo era tan difícil porqué es que se dedicaba al narcotráfico.

- Mmm – Reflexionó por un momento Checo

-Pues es una forma de trabajo, de obtener ingresos, de vivir. Aunque está fuera de la ley. Pero es una forma de subsistir. Además, a una persona como yo, la sociedad no le da otra vez la oportunidad de conseguir un trabajo normal.

Cómo valora su actividad como narcotraficante fue otra cuestión que se interesó Saulo en averiguar.

En términos generales es una forma mala de ganarse la vida. Tengo que cuidarme todo el tiempo de la ley, de volverme más adicto, de dañar a otros. Tampoco no me puedo expandir ni extender. No puedo crecer fácilmente, porque implicarían mayores riesgos.

Los efectos de los intoxicantes eran evidentes en ambas personas. Constituía difícil sostener el hilo de una conversación, cada quien hablaba de cosas al mismo tiempo, uno a otro no se escuchaba. Así transcurrió la noche hasta que se terminaron las cervezas, el ron, los cigarrillos. Checo se rehusó a convidar a Saulo más cocaína.

Poco antes del amanecer se encontraba Saulo en el cuarto de azotea, sólo y pensativo, lamentándose de su insomó y rehusándose a aceptar que en algunos minutos despuntaría, otra vez, un nuevo día.

10.1996.


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