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Las tablas de Sarhua-Perú y don Phelipe Guaman Poma de Aiala

Autor:  |  Sommer 1994

En el Perú actual quedan ya muy pocas comunidades indias como una organización social, principalmente campesina, cuya unidad básica es el ayllu. El concepto de esta palabra “ayllu” sugiere representar a grupos humanos que tienen un progenitor ideal o real y constituyen un clan, una casta, un linaje. Un pueblo andino estuvo y está compuesto por dos o más linajes, lo que conforma una comunidad. La comunidad india andina significa la totalidad de hombres y la unidad de un pueblo. En el pensamiento quechua (Runa simi = lengua humana) la comunidad se expresa en “llapan runa” (todos los hombres humanos) y “llapa-chantin” (todos unidos), es decir todos los linajes, las castas, los parientes, las parcialidades (ayllu) determinados por un nombre común, por ejemplo, como Sarhua.

1. La Comunidad de Sarhua

Sarhua es el nombre común de unos linajes indios de los Andes del Perú, en el departamento de Ayacucho, provincia de Víctor Fajardo, asentada en el delta del río Caracha en unión con el río Pampas, a una altura de 3,389 metros sobre el nivel del mar. Esta comunidad india está compuesta por dos linajes de habla quechua aún supervivientes en la actualidad: el “ayllu Sauqa”, considerados como originarios, “dueños del pueblo” (llaqta runa), que no han sido migrantes; y el “ayllu Qollana”, cuyos progenitores fueron de otro lugar, forasteros, migrantes (mitmakuna).

Cada linaje, en cuanto a propiedad territorial para el cultivo agrícola y el pastoreo, posee buena extensión de tierras como las de los Sua-qa (Sauqa chakra) y las tierras del linaje de los Qollana (Qollana chakra), que tienen la misma cantidad de hectáreas. Ambos linajes han aumentado las tierras al asmilar las posesiones del linaje de los Uanka (Uanka chakra) que está en vías de extinción y las del linaje de los Chunku (Chunku chakra) que se extinguieron a inicios del presente siglo.

Los linajes de la comunidad de Sarhua tienen su fiesta hidráulico-agrícola en común en el mes de agosto. El agua es de propiedad colonial y, por lo tanto, la distribución llega por igual cantidad y tiempo suficiente para regar las cementeras de cada comunero. El sistema de irrigación se encarga de mantener cada linaje. El calendario agrícola comienza con la fiesta del agua, el 17 de agosto de cada año. Ambos linajes, ayllu Sauqa y ayllu Qollana, designan a la Virgen de la Asunción llamada “la menor” (taksa mama), porque la efigie es pequeña en comparación con “la mayor” (qa-tun mama) que está en su templo, y es “la encargada del agua” (Yaku kamayoq) por representar a la madre tierra (pacha mama) “que de ella sale como su hija” de la cequia principal o toma de agua general (ñauin yarqa) para correr por todos los canales de la comunidad. Este nacimiento del agua y el parto de la madre tierra es bendecido por el cura católico del pueblo, llamándose este acto “bendición del agua” (Yaku bendisay). A pesar de que la Virgen de la Asunción (Mamacha Asunta) es patrona del linaje de los Sauqa (porque del linaje de los Qollana lo es San Juan Bautista), es admitida como símbolo de la madre tierra, sin que ésto signifique la superioridad de este linaje sobre el otro. El trabajo de reparación de los canales y limpieza para el regadío de sus tierras (Sauqa chakra) lo inicia el linaje de los Sauqa el 27 de agosto de cada año, es decir, a continuación de la fiesta principal que celebra la iglesia católica el 15 de agosto como la Asunción de María. El linaje de los Qollana repara sus canales y los limpia, a manera de fiesta comunal, cada 8 de septiembre. Hay que advertir que en esta fecha es celebrada por la iglesia católica la festividad de la Virgen de Cocharcas (Mamacha Cocharcas). Esta nativi-dad andina del agua y el parto de la madre tierra, simbólicamente representada por María, sería antiguamente festejada antes de la Navidad Cristiana, porque coincide con la temporada de las primeras lluvias, al finalizar el otoño e iniciar la primavera en el hemisferio sur, mientras que el equinoccio de verano no tuvo mayor trascendencia en la festividad agrícola andina. La fiesta de la Navidad es aceptada como una formalidad católica que los sarhuí-nos atribuyen como solemnidad de los pastores (michiqkuna, llamichu), una actividad económica inferior a la agricultura. Por lo que toca a la forma exterior del vestido de cada individuo que pertenece a uno u otro linaje, es significativo distinguirlos por el uso de los sombreros, por ejemplo, los Sauqa, quienes los usan con las alas cortas y vueltas hacia arriba, con la copa redondeada, mientras los Qollana los usan con las alas anchas y caídas y la copa redondeada. Todos los sombreros están tafileteados y únicamente los solteros jóvenes adornan sus sombreros con flores de cantuta (Qantu uayta = Cantua buxifolia), plumajes de perdiz (yutu), colibrí (quentitika) o de pavo real. En los ponchos de los varones de los Sauqa se tejen con esmero y con vivos colores motivos ornamentales (pallay akllay) representando animales, la llama, los ganzos silvestres (takama), las mariposas (pillpintu); motivos vegetales como los cactus (sankay), los granos del maíz en mazorcas (qaruay sara); objetos como las piedras preciosas (umiña), las perlas (uakri); etc. Los motivos decorativos de los Qollana se limitan, en colores vivos, a representar líneas anchas verticales (chichama suyo). En cuanto a las vestiduras de las mujeres, llevan muchas faldas (polleras) puestas una sobre otras y encima una saya holgada (uali) muy plisadas. A éstas las mujeres sauqas las orlan con tela ancha calada con forma de flores y hojas, mientras las mujeres quollanas las ribetean con dos o tres cintas horizontal-mente equidistantes. Las mantas (Lliklla) que usan los sarhuínos y sus mujeres son tejidos con muchos motivos finamente alineados, que sirven como parte del vestuario en las mujeres, como herramientas de trabajo en los transportes y como medida de capacidad (manteo) en el comercio.

2. Sarhua como “pueblo testimonio” de la cuenca del Pampas

El río Pampas (Pampas mayu) separa, por el norte con la conformación de grandes desfiladeros y valles extensos, la conexión de Sarhua y las ciudades capitales de distritos como Chuschi, Pomabamba o con las capitales de provincias como Cangallo y Huancapi. Por el sur, el río Caracha (Sarhua mayu) interrumpe la comunicación con su accidentada topografía, de las gargantas abiertas a su paso por las inmediaciones de Sarhua, con algunos pueblos como Huancasancos, Lucanamarca, Sandondo, etc. Este capricho de la naturaleza hizo del aislamiento de Sarhua una comunidad que conservó su tradición social, económica, política y cultural, como un legado de sus antepasados aún no completamente corrupto. Hasta hoy día no existe camino transitable para vehículos desde las ciudades pequeñas hasta Sarhua. Desde Ayacucho, la ciudad de Huamanga, como capital del departamento del mismo nombre, se hace un viaje de más de doce horas hasta esta comunidad andina. Temporalmente, la ciudad de Huamanga está más distante de Sarhua de lo que en realidad representa el factor geográfico.

Muchos instrumentos agrícolas de los sarhuínos todavía son tradicionales. Adaptados a esta rudeza geográfica; la mecanización, la tecnifi-cación modernista y la competencia del mercado capitalista poco serviría a los comuneros en el medio agreste y sería contraproducente a la economía familiar. Algunos antropólogos extranjeros han argumentado, que este tipo de sociedad “gira en torno al manejo del medio ambiente y de la organización de la mano de obra”: ¿qué contrabando hace pasar esta opinión? En primer lugar, el argumento no pasa de ser una vulgar idea mercantilista, una teoría desarrollista que da pie para cada propaganda politiquera cuando se trata de electorales. En segundo lugar, las comunidades como Sarhua, en opinión citada líneas arriba, serían calificadas como un arcaísmo en la actual modernidad tecnológica y humilladas por el atraso en la mecanización agrícola, peor aún, culpadas de las crisis económicas y políticas de la nación. No han sido pocas las personas e instituciones (principalmente antropólogos extranjeros, estudiantes universitarios y empleados estatales) quienes han alentado el consumismo en la comunidad, la ganancia y la especulación; los politiqueros con tinte ecologista han prometido “desarrollo de la comunidad”; entre estudiantes universitarios no han faltado quienes han realizado vastos proyectos de canalización de agua potable, nunca hechos realidad. Los mismos sarhuínos, en sus pinturas sobre tablas, han denunciado este engaño en un cuadro significativo titulado “Falsa promesa.- la comunidad es netamente de hablar Quechua con ideología propia cuando en cuando visitan los predicadores políticos con las diversas promesas de progreso jamas cumplido”. Y en esto, no solamente han tenido participación los políticos de toda tendencia, sino el mismo ejército peruano con la violencia, genocidio y abusos de autoridad, extendiéndose esta responsabilidad a los insurgentes de Sendero Luminoso.

Queda muy claro que este tipo de comunidades, paulatinamente, van perdiendo los mejores elementos de su tecnología y desarrollo por la existencia ya de herramientas en el mercado de consumo, van dejando sus bebidas tradicionales, sustituyéndolas por la cerveza, alcoholes como el cognac, anisado, etc. Don Primitivo Evanán Poma, presidente de los pintores de Sarhua, al respecto, ha manifestado lo siguiente: “Hay otros pueblos en la misma situación de Sarhua, olvidados. La gente quizás están más dedicados a integrarse a la vida de la costa, alinealismo de la vida extranjera, tratando de imitar todos los vicios que tiene el hombre de la costa. A mi manera de ver en vez de hacer esto debería aprovechar sus recursos organizándose quizá el mismo sistema de organizaciones antiguas ” [1]. Los mismos comuneros de Sarhua, por boca de don Primitivo Evanán, están conscientes de los perjuicios que trae a la comunidad el desarrollismo propugnado por mal sesudos etnólogos. En otra ocasión el mismo don Primitivo Evanán Poma, manifestó lo siguiente: “A mi ver, los universitarios que van a trabajar al campo tratan de aplicar sus conocimientos pero no están de acuerdo a la realidad. A mi ver, en el aspecto de la educación, lo primero que tienen que hacer es revalorar a la gente del lugar, sus pensamientos, sus actitudes. Esto se refleja por ejemplo en la pintura de Sarhua, y tienen valor y tienen acogida, pero si eso no se valora cada vez nos estamos alienando a otra vida. Otros que malogran a la gente del campo son los militares, parece que los militares no fueran del Perú o que no fueran hijos de la gente del campo, yo sé que la mayoría de los militares son gente pobre pero no sé cómo pueden maltratar a sus semejantes. En la comunidad de Sarhua han traumado a la niñez ” [2].

3. Sarhua como expresión del enfrentamiento político y social que vive el departamento de Ayacucho

Donde mejor testimonio de la violencia armada actual ha quedado estampada en imágenes y palabras, ha sido en las pinturas sobre tablas de los sarhuínos, de igual manera que en los dibujos llenos de violencia del escritor y cronista nidio, natural de Sondondo, don Phelipe Guaman Poma de Aiala en la época de la conquista española y el coloniaje del antiguo Tauantinsuyo (antiguo incario).

A parte de las ideas desarrollitas, consumistas, mercantilistas, militaristas, tecnicistas, ecologistas, etc., lo que ha causado enfrentamiento en el seno de las comunidades, es la imposición de modelos sociales copiados de Europa y Asia, donde en ningunos de estos continentes se han conocido las leyes sociales del desarrollo de las comunidades basadas en el “ayllu”. Hemos ya descrito la función del “ayllu” (linaje) y la extinción natural de muchos de ellos o causada por la violencia armada del ejército peruano en los despojos de tierras en amparo de muchos terratenientes. El saqueo que hizo un cuerpo policial antisubversivo constituido por mercenarios y delincuentes citadinos, hoy ya desaparecido por su impopularidad y desprestigio, rumbosamente denominados “Sinchis” (jefes), ha quedado en esta crónica de los pintores sarhuínos: “Sinchis- 30 de septiembre 81 2:00 p.m. Entre granizas (granizada) rayos y vientos semi uracan destruyeron a la comunidad 13 cobardes sinchis armados de metralletas bombas lacrimógenas valeandose sin control turtoso (torturaron) 300 niños escolares encerrando en sus aulas. Manucio solteras y niñas afanosa en sequear empresa comunal S/. 500,000 Tiendas Casa Busco plata antigua de-tenian a patadas golpes con metralletas haciendo mascar piedrecitas reclutó entre charcos de sangre sin compasión inocentes humildes cam-pesinos(as). Los maldecidos creó terror fin del mundo Quedó centenares niños y ancianos enfermos en cama con el brutal inhumano agresión algunos por balazos”. El enfrentamiento entre el ejército y el grupo subversivo Sendero Luminoso, por el control de las comunidades indias, ha extendido incontrolable y generalizadamente la violencia y el genocidio.

Una gran parte de comuneros sarhuínos no entendió la guerra propugnada por Sendero Luminoso, la concepción de convertirlos en “proletarios agrícolas” y la substitución de la comunidad basada en el “ayllu” (linajes) por “comunas populares” copiadas del campesino chino. Estas tesis y hechos causaron una colisión violenta entre comuneros y subversivos. Los sarhuínos aprostrofaron de “Onqoy” (enfermedad, fanatismo, peste) a Sendero Luminoso y a sus miembros los trataron como a elementos extranjeros que no respetaban su religiosidad comunal. He aquí lo que en testimonio dice una tabla de Sarhua: “Onqoy- Potando metralletas cuchillos petardos explosivos y bandera con vestidos distintos llegaron intrusos elementos extraños a la comunidad sacando casa en casa a los comuneros a un cabildo obligando con amenazas de muerte se les escuche sus falsas promesas de justicia social – mejor estándar de vida – humildes inocentes campesinos netamente habla quechua con ideologia propia de tradición no comprenden discurso prometidoras (sic) de los extraños- confundidos por el cambio de vida deploran a los apus su-yus (dioses tutelares andinos) y a los patrones (santos católicos) de la comunidad pidiendo protección urgente.”

4. Las tablas de Sarhua como consecuencia tradicional de la pintura andina, sus características

Apuntemos aquí, una vez más, esa supervivencia del arte de dibujar y pintar sobre tablas como consecuencia tradicional india, ligada de un modo estrecho a la ceremonia de la construcción de la casa y no a la del matrimonio como erradamente sugieren algunos estudiosos del “amor andino”. Sarhua, sin la práctica de las pinturas sobre tablas, no sería más que una comunidad india autárquica y anónima para los registros cartográficos legales. Desgraciadamente no podemos dar una cronología precisa del nacimiento de la práctica de las tablas pintadas, pero afirmamos que es muy antigua la habilidad prehispánica del dibujo y la pintura y que sería seguir una reconstrucción histórica de ellas con relación a la vivienda andina, la casa como habitación del “ayllu” (familia), como un núcleo social y no como una individualidad de pareja matrimonial.

La construcción de la casa no está ligada necesariamente al matrimonio de una pareja heterosexual, ni el matrimonio es consecuencia lógica del amor como puede entenderse desde el punto de vista de la mentalidad occidental judeo-cristiana. En Sarhua, las tablas se pintan por encargo de los padrinos durante la construcción de una casa y basta este hecho para dar origen a la ceremonia llamada “tabla apay-kuy” (procesión de las tablas pintadas), que no es la secuencia o consecuencia del matrimonio. Hubo y hay numerosos casos, en Sarhua, de personas solteras, niños y hasta viudos que, por concurso de la comunidad, levantaron sus casas. Y para citar un ejemplo que la construcción de la casa no es la inmediata continuación del matrimonio, señalemos la existencia de parejas muchos años ya casados que deciden ampliar la casa, reconstruirla, restaurarla o renovar el techo de la misma, lugar donde se colocan las tablas pintadas entre los “maman qero” (viga principal), para que los agasajen con nuevas tablas, conservando las antiguas, porque son protectoras del hogar y aseguran conocer y reconocer la secuencia familiar, la genealogía del linaje (ayllu), pues ahí están pintados los padres carnales y espirituales (abuelos y padrinos), los hermanos, los tíos y toda la parentela extensa del linaje, aunque ya muchos de ellos hayan fallecido, porque en las pinturas están presentes las imágenes del sol y la luna que simbolizan la vida eterna. Un aspecto muy importante que merece aclararse con respecto al matrimonio en la comunidad de Sarhua, es que a un varón o una mujer no le otorga el pleno derecho de comunero el hecho de casarse. No es a partir de allí donde inicia el hombre a ser considerado como responsable ante su comunidad como muchos etnólogos opinan. El primer paso que le otorga la “ciudadanía” a un individuo en la comunidad es haber desempeñado un “cargo comunal”: en el caso de los jóvenes haber sido alguaciles o mayordomos de las fiestas de los patronos religiosos de la comunidad, es decir haber sido “cargoyoq”, en caso de ser soltero, en ambos casos asistido por la madre, la hermana, la prima o la tía soltera; porque de no haber asumido cualquiera de estas responsabilidades comunales merecen el calificativo despectivo de “maqta” (inmaduro, irresponsable) y para las mujeres de “pasña” (incapaz, inhábil), asimismo no ser respetados por la comunidad. El matrimonio no les borra la execración comunal.

Remarquemos el papel importante que tienen los diversos padrinos de un comunero para mandar a elaborar las tablas de genealogía. El niño sarhuíno al nacer, o a pocos días de nacido, tiene una pareja de padrinos (padrino y madrina) que sus padres carnales han escogido dentro del mismo linaje, es decir, han elejido a los padres espirituales que en el ritual religioso católico son llamandos “padrinos de bautizo”. Esta elección es trascendental en la vida del nuevo comunero porque en caso de morir los padres carnales se hacen cargo del niño los padres espirituales; pero como nadie tiene “la vida comprada en este mundo”, también pueden morir los padrinos y para que no quede desamparado el niño, o “por si acaso asegurarse”, se busca, después de unos cuatro o cinco años, otra pareja de padrinos con el pretexto de cortarle los primeros cabellos, ceremonia llamada “corte de pelo” o “rutuchikuy” y en caso de las niñas en la etapa de la menarquía (kikuchiku), hasta la elección de padrinos del matrimonio. Existen otros padrinos como el de “agua de socorro”, “uaua marqachiy” (cargar al bebé), “simin toqyachiq” (de las primeras palabras), etc.

Señalemos los tipos de tablas que existen en Sarhua: las tablas antiguas, que de manera cronológica, en dirección descendente, abarcan desde la segunda década del siglo XX hasta, posiblemente, el siglo XVIII, puesto que hay evidencias materiales; las tablas ceremoniales o “genealógicas” dedicadas a la ceremonia de la construcción y techado de la casa y la representación de la parentela del dueño de la casa, estas tablas no salen de venta al mercado y han dado origen a las tablas difundidas como “artesanía”; las tablas modernas, divididas en testimoniales de la historia moderna de Sarhua; y las tablas para el mercado artístico. Los diferentes tipos de tablas, aquí reseñadas, tienen en general unas características comunes.

 

Características generales de las tablas de Sarhua

a. El arte de Sarhua es colectivo porque en su elaboración participan por lo menos dos pintores que trazan los dibujos; los ayudantes pintan los ornamentos de los planos, los vestidos; los asistentes, hombres y mujeres opinan sobre el motivo de los dibujos o hacen referencia a alguna anécdota célebre del dueño de la casa a quien va dirigida la tabla. Muchos comuneros prefieren dibujarse a sí mismos dentro de la genealogía y el diseño del enmarcado, en común acuerdo es ideado por los concurrentes las preferencias o los caracteres innatos del homenajeado. Este colectivismo permite una mayor compenetración social de los linajes (ayllu) en la responsabilidad individual frente a la comunidad.

b. El arte de Sarhua es dibujista testimonial. Esta plástica andina toma de interés inmediato la representación del hombre, capta en el dibujo las cualidades físicas, morales y psíquicas del individuo: enfermedades, ancianos, niños, amor filial y sexual, vanidades, embriaguez, temor, etc. Importa también el exacto colorido en el vestuario de los individuos, las preferencias del color en su entorno, la ornamentación exacta de los motivos del poncho y las mantas de los personajes retratados. Como hemos descrito líneas arriba, el color y el ornamento de los ponchos, la forma de los sombreros, la falda de la mujeres describe su linaje (Sauqa o Qollana), por eso es importante fijarse en retratar a una persona cómo es y no imaginar cómo sería, pues resultaría insultante representar a un individuo con un poncho que nunca ha tenido ni con otros ornamentos que nunca le han pertenecido o el color del sombrero u otras prendas de vestir. Esta técnica dibujista testimonial posiblemente proviene del recuerdo mnemónico prehispánico por ausencia de la escritura alfabética en el área andina. Por este mismo motivo, la pintura andina en sus representaciones, no ha recurrido a la técnica paisajista del arte naif occidental juedo-cristiano y demás estilos de su influencia, ni al uso y abuso de las sombras de contraste, porque ocultaría los detalles característicos de la personalidad. Por ejemplo, los pintores genea-logistas sarhuínos jamás representarían a un individuo arando la tierra con una yunta de toros, que no tuvo con las características exactas que tuvieron y que los animales tengan los colores de la piel diferentes a los que tuvo en realidad porque significaría testimoniar que el individuo usó otras herramientas y no las propias, esto rebaja su calidad de poseedor de bienes materiales y el ser propietario legaliza su prestigio social; ocultar bajo las sombras los caracteres de los bueyes, significaría haberlos obtenidos de mala ley, del cuatrerismo.

c. El arte de Sarhua es autóctono de tradición india singularmente andina. Esta característica tiene que verse ligada con los antecedentes indios prehispánicos. La búsqueda de la continuidad de esta tradición, hasta las pinturas de las tablas modernas de Sarhua, tiene que hacerse con suma entereza, recurriéndose a numerosas fuentes que aún quedan por descubrir. Las noticias que nos han dejado los cronistas de siglos pasados, como Garcilaso de la Vega, sobre las pinturas en tablones que existían en el templo del sol en el Cusco (Qorikancha), las noticias de pinturas que existían en el Poquen-kancha que proporciona el cronista cuzqueño Cristóbal de Molina, el cronista Bernabé Cobo, las cartas y remesa del Virrey Toledo enviando las pinturas de la genealogía de los incas a las Cortes de España y que estuvieron guardadas hasta el siglo XVIII en Madrid, son testimonios de por sí valederos; pero de inmediato el cronista ayacuchano, don Phelipe Guaman Poma de Aiala, con los dibujos de su “Nueva coronica y buen gobierno”, mueve a ligar el arte indio de los siglos XVI y XVII por la similitud con las tablas de Sarhua.

Llama la atención que Guaman Poma, en su crónica, no brinde ninguna información del arte sarhuíno ni haya dejado registro de su e-xistencia geográfica a pesar que su tierra natal, San Cristóbal de Sondondo (Suntuntu), se encuentra relativamente cerca a Sarhua, ¿cuál habría sido el motivo de Guaman Poma para silenciar el nombre de Sarhua? Posiblemente la respuesta a la pregunta formulada puede ser, por el momento, especulativa hasta que se encuentren refrendamientos testimoniales al respecto.

Al contemplar las modernas tablas de Sarhua nadie puede encontrar influencias del churriguerresco que tanto estuvo de moda en las principales ciudades del Perú durante la época colonial hasta la tercera década del siglo XIX. Las tablas de Sarhua no tienen la influencia técnica ni temática de éste. Al referirse a la pintura churrigueresca, don Ricardo Palma, en una de sus tradiciones, nos dice lo siguiente: “Por lo regular se copiaba un cuadro representando la prisión de Atahualpa, la revolución de Almagro el Mozo, una jarana de Amancaes, el auto de fe de madama Castro, el paseo de Alcaldes, la procesión de las quince andas o cualquier otra escena histórica o popular. El artista (y perdón por el dictado) retrataba en esos frescos los tipos más ridículos y populares, y la fisonomía de individuos generalmente conocidos por tontos… [ …] Además, muchos pulperos hacían pintar en sus esquinas un dragón, una sirena, un cupidillo desvergonzado u otro personaje mitológico” [3]. En Huamanga, ciudad capital del departamento de Ayacucho, existen algunos frescos como las que describe don Ricardo Palma en casonas restauradas, por ejemplo, en la casa Ivazeta (hoy propiedad del Banco de la Nación) o la casa Olano (ahora propiedad del Banco Minero del Perú), y otras casas solares particulares que aún quedan en esta ciudad. Pero ningún ápice de influencia de aquellas pinturas tomaron los artistas indios de Sarhua.

El testimonio de todas las tablas se presenta con todo el detalle necesario para que el observador interprete a su libre albedrío, además de tener ellas un texto escrito donde los sarhuínos relatan el contenido de la escena del cuadro. El texto y el dibujo se complementan interdependientemente pero no son indesligables, tan es así que se puede usar el texto o la pintura de modo aislado.

Para cualquier etnólogo, historiador o persona interesada en informarse sobre la vida andina, especialmente sobre la región de Ayacucho, las tablas de Sarhua constituyen una secuencia histórica del presente que pueden servir para esclarecer asuntos desconocidos o poco estudiados del pasado y del presente andino. Con esto queremos sugerir que las tablas de Sarhua hacen un complemento de la “Nueva crónica y buen gobierno” de don Phelipe Guaman Poma y una secuencia necesaria de un conjunto único de la historia regional del Perú contemporáneo.

 

5. El arte de Sarhua en el mercado y sus perspectivas

Las tablas de Sarhua, pese a que se haya escrito mucho en favor de su valor testimonial tradicional andino y arte indio por excelencia, en el mercado de las artes plásticas ha ingresado en la competencia con todas las desventajas y, muchas veces, de manera intolerable son consideradas “artesanía florklórica”, como si el folklore no fuera una ciencia que muy pocos dominan.

La competencia en el mercado capitalista del arte ha mermado su consumo a gran escala por la falta de capital en la producción de los artistas de Sarhua. La comercialización para las exportaciones no ha merecido el apoyo del gobierno peruano y sus representantes consulares en diferentes países para brindarles una propagandización y afianzamiento de su arte autóctono. La actividad económica de las tablas de Sarhua ha tenido el autosostenimiento de los artistas con todos los riesgos de perder en esta competencia implacable y desigual del consumo.

Quizá, de acá a un tiempo ha de quedar muy poco del arte de Sarhua. A menudo la competencia constriñe la creación, hiriéndola hasta deformarla y despreciarla, y los artistas, desalentados, se resignan a perder y disminuirse a como lo manifiesta Evanán Poma: “De acuerdo a mi diagnóstico los pintores llegan a cuarenta; de los cuales quieren seguir pintando es como quince. Los demás no quieren ya” [4]. Entonces, es tarea perentoria salvar de la extinción el arte andino.

* ponencia presentada en el congreso de antropólogos de Alemania, Suiza y Austria, celebrado en Leipzig del 3 al 8 de octubre de 1993.

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A. Alberdi nació en Huatnanga, Ayacucho, Perú, en 1953. Estudió la especialidad de Arqueología e Historia en la Universidad Nacional de “San Cristóbal de Huamanga”, Perú. Trabajó en el Archivo Histórico de Ayacucho. Es paleógrafo, quechuista y ha escrito ensayos especializados en diferentes revistas de Suramé-rica y Europa. Recide en Alemania desde 1981, donde ha publicado un libro sobre la comuniad de Sarhua y prepara otro sobre Etnomedicina andina.

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Observaciones:

1. La estructura de la organización política de la comunidad de Sarhua es jerárquica de acuerdo a la edad de los individuos, su prestigio moral, económico y social. El cargo mayor, que es el de Alcalde de Vara (Qatun varayoq), recae en una sola persona que se elije anualmente, alternándose un individuo de los Sauqa o de los Qollana. Para el resto de los funcionarios como el de Alcaldes de Campo (Campo varayoq) se nombra a una persona por cada linaje, cuatro personas por cada linaje en los cargos de regidores que deben ser, por regla general, jóvenes solteros al igual que los alguaciles.

2. Es casi un milagro la supervivencia de la tradición de la pintura andina en Sarhua, teniendo en cuenta las diferentes persecuciones contra las costumbres andinas desde la invasión española, desencadenadas con la llamada “extirpación de idolatrías” en la segunda mitad del siglo XVI; la prohibición de la pintura india después del levantamiento de Túpac Amaru en 1784; el olvido sempiterno de los sucesivos gobiernos del Perú republicano; y, por último, la guerra interna, genocida y demoledora para las comunidades a partir de 1980 hasta la actualidad.

3. El arte sarhuíno, como creación social, no es egoísta ni individualista. Este arte es una acción creativa en su conjunto para la satisfacción colectiva en la ceremonia de la casa. Este carácter colectivo de creación ha permitido descubrir los talentos artísticos en muchas generaciones de sarhuí-nos. Los niños ya han experimentado así la elaboración de una tabla, cómo se tratan los colores, los pinceles, la masa de cal para revestir la tabla, etc., y, finalmente, el jolgorio ceremonial, cuando se pintan las tablas al aire libre, comiendo, bebiendo y cantando, es decir, la práctica colectiva comunal es la academia de arte pictórico para las futuras generaciones de pintores indios.

4. El arte sarhuíno se constituye en una crónica dibujada y relatada desde la visión de los comuneros a la par que Guarnan Poma lo hace desde el punto de vista del indio del siglo XVII, tanto en los dibujos y el texto escrito. Los artistas populares de Sarhua, así han pintado tablas relatándonos desde la creación del hombre andino, en la versión india no bíblica, sus dioses protectores, sus mitos, sus costumbres, el ciclo agrícola, la violencia política del ejército y los insurgentes de Sendero Luminoso, hasta la presencia de antropólogos europeos y norteamericanos que fueron a estudiar in situ a los comuneros sarhuínos.

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[1] Entrevista de José R. Sabogal a don Primitivo Evanán Poma, en: Boletín de Lima, Nro. 19, Lima 1982.

[2] Entrevista de Tarcila Rivera a don Primitivo Evanán Poma, en: Pueblo Indio, Nro. 6, Lima, 1985.

[3] Tradición intitulada: “De esta capa nadie escapa”, de Ricardo Palma.

[4]) Entrevista de José R. Sabogal a don Primitivo Evanán Poma, en Boletín de Lima, Nro.19, Lima 1982.

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Bibliografía

1. ALBERDI, ALFREDO: Sarhua, eine andine Comunidad der Indio-Kunstler. Berlín, 1992. – La “Nueva crónica y buen gobierno” visto desde la paleografía y la diplomática. En: Revista Qa-teq-Rukana, Nro.3, Berlín, septiembre 1986.

2. ASOCIACIÓN DE ARTISTAS POPULARES DE SARHUA (ADAPS): Rescate y cultura de Sarhua. Lima, 1992.

3. GUAMAN POMA DE AIA-LA, PHELIPE: El primer nueva coronica i buen gobierno. Ed. facsímile, París, 1936.

4. PALOMINO FLORES, SALVADOR: El sistema de oposiciones en la comunidad de Sarhua, “la complementaridad de los opuestos en la cultura andina”. Lima, 1984.

5. PALMA, RICARDO: Tradiciones peruanas completas. Madrid, 1961.

6. RIVERA ZEA, TARCILA: Qillqas de Sarhua: Arte que pervive a pesar del tiempo… En: Pueblo Indio, Vocero del Consejo Indio de Sudamérica, Nro.6, Año 4, Lima, 1985.

7. SABOGAL WIESSE, JOSÉ R. y EVANAN POMA, PRIMITIVO: “Qellqay” en Sarhua de la Provincia de Víctor Fajardo. En: Boletín de Lima, Nro.19, Año 4, Lima, enero de 1982.


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